23 enero, 2011

Tras la larga ausencia

Hola!!

No creías que me había caido en un agujero profundo y no iba a regresar. Desde mi última entrada no he estado inactivo. He estado en palma para navidad, he terminado de revisar el cuento de La Sirada, he estado trabajando en el Atlas Histórico (del que pronto os hablaré en profundidad), y además de eso he tenido razones personales y laborales que me han impedido pasar por aquí.

Bueno, y ya estoy de vuelta. vengo a enseñaros el plano que vendrá en el Cuento de La Sirada, que además representa el mapa mas tardío trazado por los hombres en Mi Mundo. Es decir, en él se representan las regiones del Mundo que los hombres del Viejo Mundo habían explorado a principios del Siglo XVII.

hasta pronto!

18 diciembre, 2010

Mawol durante la Edad de los Elfos

Tras las Guerras de los Dioses, en que éstos casi destruyen el Mundo, pues antes fue esférico, y ahora era plano, se decidió dejar a os mortales vivir en Mawol, una de las caras de este mundo destruido.
Así, en mawol fueron puestos los Doce Navíos Elfos, que navegaron hasta la Tierra de Aradán y otros sitios; de la misma forma, allí crecieron otras criaturas, como los Linajes de los Hombres; los enanos bajo las montañas; o los pielesverdes...
A aquello le llamaron la Edad de los Elfos, pues estos lo gobernaron por largo tiempo. La mayoría de ellos vivieron en la Tierra de Aradán, salvo los Elfos de Yandalath, que habitaron en las Tierras Oscuras de Elhada y las Tierras de Diurna; o los Elfos de Hirinen, que vivieron en las Tierras Prohibidas de Hiria.


Pero no tardaron en estallas las Guerras de la Sangre, en que los Elfos de Yandalath tratarían de conquistar la Tierra de Aradán, combatiendo a casitodos los demás... Las Guerras de la Sangre fueron el acontecimiento bélico más importante de la Edad de los Elfos, tanto, que cambiaría la geografía de Mawol.
Se cuenta que cuando Aradán, de Assëe, se enfrentó a Efgo, de Yandalath, en la última batalla de la guerra, el primero ´golpeó tan fuerte el suelo con su bastón, que la inmensa isla se partió en un archipiélago.
Así es como se formaron los Reinos Elfos de Elanor...

10 diciembre, 2010

Los Pendientes de la Reina


Cuentan que en un palacio encantado vivía una Reina muy fea muy fea. Y por ello, la Reina estaba muy muy triste. Pero un buen día, un mercader se acercó hasta el palacio encantado y le ofreció una planta que, según decía, era mágica. Con ella, sería la mujer más hermosa de todo su Reino. Ella intrigada, le compró la planta mágica al mercader. Desde entonces, dicen, la Reina fue la mujer más bella de aquellas tierras. Al amanecer siempre estaba radiante, pero al atardecer siempre se recogía pronto, y jamás por la noche se dejaba ver. Siempre vestía con las mismas joyas, unos pendientes en forma de bellas flores rosas con largos pistilos y estambres. Al parecer, cada mañana la Reina arrancaba dos flores de su planta mágica, que usaba de pendientes para ese día, y así, su belleza brillaba mientras vivieran las flores. Por ello, siempre debía retirarse al atardecer, pues era cuando éstas marchitaban...




Este es un cuentito corto que le conté a Gemita cuando le regalé la planta por su cumple. 
Para no olvidarlo, os lo dejo aquí!!
Ha sido enviado además, como colaboración a la 
para el número 9, cuyo plazo termina hoy.
Ya os contaré si resultó elegido!



02 diciembre, 2010

El Árbol de las Mil Estrellas

Aquél era el único lugar del mundo en que el cielo se tornaba rosa al atardecer. No se trataba del anaranjado que en la última hora de la tarde cubre el cielo, o del rojizo con que el sol desaparece en el horizonte del mar. Se trataba de un color rosado, tan claro que parecía que el cielo se acolchara, que se fundiera con la magia del bosque cuando el día terminaba. Era algo precioso. Y sólo ocurría en esa porción de bosque, justo sobre aquel árbol de hojas negras y flores blancas. El árbol de las mil estrellas, lo llamaban, o así le gustaba llamarlo a ella, la dama del árbol.

En aquel momento, ella se encontraba columpiándose, sentada sobre una liana que colgaba de su árbol, a la que había atada un gran palo, que le servía columpio. Ella llevaba un vestidito negro, y una red negra y roja le hacía de medias. Estaba descalza, y tenía unos guantes fuxia rotos por los dedos, que asomaban, bien aferrados a la liana. Se daba impulso con las alas, cuyos tonos rojos chillón se mezclaban en hermosas formas con el negro. La melena morena bailaba también con el vaivén, estaba cortada de una extraña forma, pues cada vez que se aburría, ella misma le daba forma con unas tijeras.

Justo entonces apareció Teether, que también era amigo suyo. Éste venía cabalgando en un gato grisáceo, de angora, de largo pelo reluciente, y parecían apresurados. Lo cabalgaba sobre una silla de montar, cual caballo a medida, y en la grupa del gato, llevaba atado un tiesto con una planta. Las hojas de la planta estaban comenzando a secarse, como si haberla sacado de su lugar le hubiera puesto triste, y la firmeza con que una vez brillaron sus flores blancas, ahora estaba decayendo.

- Anda, hola.- Le dijo ella riéndose, pues a menudo era la frase que utilizaba él para saludarla.

Teether sonrió.- Hola.- Y desmontó a su gato, ignorando la burla del hada. El minino, al verse libre, dio una vuelta sobre sí mismo, y se puso a lamerse la entrepierna. Entonces miró a la dama del árbol, y se quedó con esa mirando que ponen ellos antes de atacar a una presa.

- Dile a tu gato que no me mire así.

- No te preocupes, pues no te hará nada...- Y le acarició la cabeza.- Más le vale... ¿Verdad grandullón?

Y el gato desvió la mirada, volviendo a su entrepierna.

- ¿Cómo estás, Teether?- Le preguntó ella sonriendo, estaba muy feliz de que el gnomo hubiera ido a verla. Siempre que aparecía le contaba un cuento, y a ella le encantaba.

- Apresurado.- Contestó.- Estoy muy apresurado.

- ¿Por qué?

- Se ha perdido una amiga mía...

- ¿Quién?- Preguntó ella, deteniendo el columpio al instante con las alas.

- U, una sirada... ¿La has visto por aquí?

- No...- Se encogió de hombro el hada desde su liana.

Teether observó aquel árbol enorme. Su tronco se elevaba mucho, y sus ramas estaban plagas de tremendas hojas negras y de flores blancas. Entonces el gnomo observó el cielo, de aquel color rosado, y el pareció maravilloso, le asombraba cada vez que lo veía. Después le habló a la dama del Árbol de las Mil Estrellas, mirando a su alrededor.- Veo que te has portado bien.

Ella asintió muy contenta.- Claro.

- Eso está bien. Oye, si ves a U, ¿le dirás que la ando buscando, y que regrese a su charca...?

- ¿A cambio de qué?- El hada sonrió pícara.

- mmmm... Te puedo contar una adivinanza.- Ella asintió, deseándolo.- ¿Qué es aquello que no se puede ver, y que sólo pueden tocar aquellos que creen que existe?

El hada volvió a sonreír, y se quedó pensativa. Miró al gnomo, y le habló, poniéndose de pronto muy seria.- Esa es difícil...

- ¡Te dejo pensándolo!- Y lanzó un silbido que hizo que gato diera un salto. Él lo montó, y después se despidió.

- Hasta pronto, ¡espero que la próxima vez que nos veamos me digas la respuesta!
Ella ni le contestó, pues se quedó pensativa. Y cuando él había desaparecido entre los árboles, cabalgando su gato con aquella planta marchita a cuestas, batió sus alas para volver a columpiarse...



Extraído de La Sirada.

27 noviembre, 2010

El Viejo Mundo

Hola!!

Vengo a hablaros de un nuevo proyecto en el que me he embarcado. me he propuesto realizar un atlas histórico de Mi Mundo. En él mostraré la evlución geográfica y antropológica de Mi Mundo, desde que llegaran los Siete Grandes Lüe hasta que éstos casi los destruyeran. Desde el comienzo de la Edad de los Elfos, y a lo largo de ésta, mostrando los movimientos de los ejércitos elfos durante las Guerras de la Sangre. Desde el Gran cataclismo, hasta la expansión de los hombres por toda la superficie plana del Mundo...

Como prueba de ello, de que por fin me he puesto, pues es un proyecto que ambiciono desde hace mucho, os vengo a mostrar este plano que he hecho. No es el único que he hecho estos días, pero sí el que mejor acabado.
Pronto os iré mostrando más cosas.



EL VIEJO MUNDO






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20 noviembre, 2010

Mis Cuentos Terminados


Ésta es la historia de Mëryl, el Dorado, un poderoso dragón que cayó rendido de amor por Tai, una sirena que le tenía un miedo incontenible. Ella, asustada, nadó hasta una costa muy lejana, donde se elevaba un castillo habitado por un malvado brujo. Lo que a todos ellos les sucedió, ya sólo forma parte de sus páginas. El viaje que hizo la sirena fue tan trascendental en la historia de todo un Mundo, que su cuento fue relatado por largo tiempo...



Alba fue una bonita niña encontrada en alta mar por los elfos, que la cuidaron y alejaron de las tierras de los hombres. Así, creció en una isla virgen, llamada Niaghara, en el Mar de las Sirenas, que baña la costa norte del Continente Prohibido de Hiria. Ella vivió feliz en su selva, con los elfos, pero una vez tuvo un sueño que lo cambio todo...



¿Cómo es posible que una melodía pueda contener tanto odio? La Canción de Clauda fue donde se guardó el odio más irracional, y sus notas estaban destinadas a concebir a uno de los más poderoso Demonios Resentidos. Dos fueron las elegidas, una mujer y una elfa, a conseguir la partitura, robada de las incontables estanterías de la alta Torre del Recuerdo. Sólo él sabía la que se avecinaba...



Si existe el destino, es algo que no desvelaremos en este cuento, aunque en él se narre la historia de un hombre que trató de burlarlo. Además, en sus páginas se relata la vida de Agenon, un héroe de la Edad Antigua. Este cuento habla de diferentes acontecimientos que sucedieron a lo largo de la historia de todo un Mundo, presentados a modo de pedazos, que en realidad guardan todos relación.



Una noche de celebración y gloria, de embriaguez y festejo, lo cambió todo. Los ejércitos de elfos, enanos y hombres, juntos, habían derrotado a Golöel, el último de los Siete Demonios Resentidos. Y aquella misma noche, nació su leyenda. Kelpie, a la que llamarían la Dama del Amanecer, fue una mujer que cambió la historia, al acostarse con el Héroe Belean, de Himn, quien había logrado derrotar al poderoso demonio... En este cuento se narra lo sucedido a lo largo de cinco noches, todas ellas lo cambiarían todo. Lo arruinarían todo.



Scrópolo llegaría a ser un gran sacerdote de Ssuhl, el Dios Muerto, pero antes de obtener tanta recompensa, no era más que un despojo, que malvivía alimentándose de sus víctimas. Éste es un capítulo de su vida, en su largo recorrer hacia la no vida que prometía el Dios Muerto...



Los pequeños gestos a veces pueden cambiar las cosas. Éste es un cuento de piratas en que se narra la historia de un navío de leyenda, a la que entrarían a formar parte algunos de los que, ávidos por sus tesoros, estuvieran tan locos como para ir a encontrarlo...



Todos los héroes de leyenda tienen su ocaso, y en esos días en que ven sus fuerzas menguar, añoran las viejas glorias, y desean regresar. El nombre de Halkirk, Castigo de los Monstruos, fue muy sonados en las canciones de los juglares y trovadores por mucho tiempo. Éste sólo fue uno de los cuentos que contaron de él, la leyenda de todo un lago...



Los Doce Navíos Elfos fueron puestos en los Mares del Mundo al comienzo de la Edad de los Elfos, tras la Batalla del Juicio. Los doce llegaron a una gran isla, a la que llamaron La Tierra de Aradán. Ésta es su historia, la de las Doce Altas Estirpes de los Elfos, que pronto dominarían bastas regiones del Mundo. Aquí se relata lo sucedido a las doce familias elfas, durante la Edad de los Elfos y la de los Hombres. Se habla de sus guerras, de sus Reyes, y de sus pasiones. Es, además de un gran cuento, un compendio con todo lo que sé de los elfos en Mi Mundo, al menos hasta la fecha...



Si existe una historia que pueda ser un cuento de hadas, un cuento de piratas, un cuento de amor y de lucha por la libertad, de crecimiento personal y de cambio, una historia de odio familiar en que haya cabida para la política y el idealismo, en el que aparezcan tanto hadas, como gnomos o árboles parlantes, monstruos, reyes y brujas, príncipes desterrados, lugares de sueño y objetos mágicos, venerados como reliquias de épocas remotas, ese cuento es La Sirada...

11 noviembre, 2010

El Décimo Primer Día de Noviembre

La bruja se quito el gorro puntiagudo y se lo puso entre las piernas. Llevaba el pelo, gris y viejo, recogido en un moño, hasta ahora oculto, y fumaba de una pipa. Las hierbas del aquel herbolario sarraceno eran las mejores de toda la Ciudad del Reo. Su piel estaba arrugada por la edad, pero se negaba a marchitarse o a morir, ni ella misma conocía ya su edad. Aquella esa noche, aun así, ella celebraba su cumpleaños. Era el décimo primer día del mes de noviembre, y como cada décimo primer día de mes, las brujas celebraban un aquelarre, aunque de los doce meses de cada año, el de noviembre era el más festejado. Las brujas creían en el poder del número uno. De él obtenían todo su poder. Por ello, aquella fecha era tan importante. Rondaba el año mi trescientos diez, y aquél aquelarre era especial, pues cinco unos se habían reunido. Pero no sólo por eso estaban las brujas excitadas aquella noche. Los próximos diez años serían muy buenos, pues en ellos siempre habría un uno presente, y de ellos, el año siguiente sería realmente bueno. Dos meses después entrarían en mil tres cientos once, y cuando alcanzaran el décimo primer día de noviembre, su poder sería máximo. Aquella noche, tan sólo un año después de ese momento, sería grandiosa. Ella, que era la Hermana Negra Mayor, y que las guiaba a todas en aquella cárcel en forma de ciudad, sonrió ante la perspectiva. Sólo quedaba un año...






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01 noviembre, 2010

Sinopsis de La Sirada

Si existe una historia que pueda ser un cuento de hadas, un cuento de piratas, un cuento de amor y de lucha por la libertad, de crecimiento personal y de cambio, una historia de odio familiar en que haya cabida para la política y el idealismo, en el que aparezcan tanto hadas, como gnomos o árboles parlantes, monstruos, reyes y brujas, príncipes desterrados, lugares de sueño y objetos mágicos, venerados como reliquias de épocas remotas, ese cuento es...






Ya estoy acabando este cuentito, y está quedando precioso.
Creo que voy a probar a enviarlo a editoriales, para ver si hay suerte. La Idea no me termina de convencer del todo, pero el gusanillo es más fuerte. Me encantaría ver un título mío en las estanterías de las librerías... en fin, habrá que intentarlo.
Me queda nada! pronto os cuento.

saludos!
Darka.

17 octubre, 2010

El Periodo de la Sombra

Se encontraban en lo alto de una loma, y en el fondo del valle formado por dos montañas que bajaban desde bien alto, se hallaba la ciudadela, sobre un manto de verdes helechos. Decidieron hacer noche allí, y acercarse con la luz del día. No hicieron fuego, pues tampoco tenían nada que llevarse a la boca, y preferían no ser vistos. Y como pudieron, se acurrucaron para darse calor. Allá abajo estaba el Palacio de Ëndolin, y era precioso.

- Teníais que haberlo visto con la Luna de fondo, en noches como ésta, tanto tiempo atrás que ninguno de los que conocía de aquella época vive aun...- Dijo Orfo, el semiorco.

- ¿La Lula?- Preguntó U de repente.

- No, la Luna. Era una hermosa roca que flotaba en el cielo, era enorme, redonda y preciosa. Brillaba a intervalos, sonriendo cuando comenzaba a encenderse o se apagaba. Pero la robaron del cielo.

- ¿mmm?- Volvió a preguntar U.

- Una noche, simplemente no salió. Y así llevamos ya, casi cerca de un Siglo.- Quedó callado un momento.- El Valle de Ëndolin era precioso aquellas noches, en que su luz azulada bañaba de plata los torreones y ese mar de helechos que lo rodea... Sin ella, deberás esperar hasta mañana, pequeña sirada, para observar la belleza del Palacio, pues su luz de plata no lo bañará esta noche.


(...)


- La Corona Radiante no brilla porque no hay Luna.- Teether contestó sin más. Lo creía a pies juntillas, pues lo había leído en las hojas de su árbol, y ellas jamás mentían.

- Eso es una leyenda.- Dijo tajante el hombre.- Jamás existió tal cosa.

- Por supuesto que existió. Yo misma la vi lucir en el cielo nocturno, cruzar las noches, creciendo y muriendo entre las estrellas... Yo era una niña cuando desapareció del cielo. Simplemente, una noche no salió por el horizonte.

- Cuentos de viejas...- Escupió la voz del hombre.

- Ella tiene razón.- Dijo Teether.- La Luna existió, la creó el Dios del Recuerdo durante las Guerras de los Dioses, antes de que nacieran los primeros mortales... Incontables vueltas debió dar alrededor del Mundo, y muchos fueron los que se enamoraron de su belleza... De ella decían que detrás habitaba Moulth, Diosa de la Noche y de los Sueños, castigada a habitar siempre su otra cara. Pero al final fue un poderoso demonio el que se la llevó del cielo, Golöel lo llaman, pues muchos afirman que aun sigue en este Mundo, y la oculta en alguna parte.



Extraído del cuento de La Sirada

05 octubre, 2010

La Bruja del Mar


La bruja anduvo arrastrando los pies en el camarote de su nave. Sus ropajes harapientos caían hasta los tablones de madera del suelo, y la seguían varios metros ahí donde iba. Aquel camarote era inmenso. Ella vivía a bordo de esa nave, escondida en la escarpada costa norte de la Tierra de Vikinga. Sus siervos la llevaban donde ella deseaba, y ahora debía atender las peticiones de su Rey, Goromer de Grrim. Lo detestaba. Sus cabellos le caían, blancos como la nieve más pura, por la espalda, y se le alborotaban en la cara. Su tez estaba chupada por la edad, un número que ya ni recordaba. Incontables arrugas dibujaban una forma grotesca, con aquella aguileña nariz y orejas puntiagudas. La barbilla también estaba afilada, como si toda ella fuera una arisca forma de vida. Los ojos eran blancos completamente, sin iris ni pupila. Sólo ella sabía porque sus ojos se habían marchitado, y aun a duras penas le dejaban ver de alguna forma espectral. Un colchón raído en el suelo le servía de lecho, e incontables cirios blancos alumbraban la escena. Estaban repartidos por todo el camarote, sobre la mesa, alrededor de la cama, por el suelo, junto a la vidriera que debía ocultar al mar, apaciguado aun en el exterior... En el centro había una mesa llena de folios escritos, e infinidad de tinteros. Además, había un cofre cerrado, y una planta preciosa en un tiesto de madera. Todas las paredes del camarote estaban plagadas de libros, eran una hilera de estanterías con cientos, sino miles, de libros y libros. En el centro de cada una de las estanterías, opuestas en el camarote, había una vitrina. Una contenía un grandioso mapa del mundo conocido, con todas sus costas bien delimitadas, y en la otra había un inmenso rollo de pergamino, frente al cual se había detenido la bruja. Abrió el cristal con una llave que llevaba al cuello y extrajo el tremendo pergamino, con ambas manos y gran esfuerzo, para llevarlo a la mesa. Lo colocó para poder abrirlo, entre el cofre y la planta. Consistía en dos grandes rollos, con bonitas empuñaduras de madera tallada. Tomó cada una de ellas con sus manos arrugadas, casi esqueléticas, y lo abrió para leer en qué parte de su pergamino de hechizos se encontraba. Aquél rollo de papel era inmenso. En él venían escritas las Cartas de Aënor, un compendio de magia que incluía todos los sortilegios de ese Saber de la Magia. La bruja lo había leído por completo, varias veces en su vida, y su conocimiento era tal, que había logrado llevar a cabo muchos de los hechizos que en él había escritos. Por donde el pergamino se abrió había una infinidad de hileras de palabras que iban de un extremo al otro del pergamino. Todo él estaba escrito a lo largo, y cada línea de letras, al llegar al extremo opuesto, volvía a comenzar escrita debajo de ésta.

La bruja acarició las palabras diminutas con la yema de su dedo, y sin querer arañó el papel con su afilada uña. Estaba negra, y retorcida, como las otras nueve. Entonces se maldijo a sí misma en voz baja, y corrió los rollos de pergamino a la vez para leer más adelante. Los sortilegios se sucedían unos tras otros. De cada uno se contaba su historia, cómo se había descubierto, y cómo llevarlo a cabo. Estuvo largo rato buscando, y leyendo a trozos, y cuando comenzaba sentir el balanceo de la nave, dio con el hechizo que buscaba. Se llamaba Leer la Verdad.


(...)
Extraído de La Bruja del Mar, capítulo décimo noveno del cuento de La Sirada.

23 enero, 2011

Tras la larga ausencia

Hola!!

No creías que me había caido en un agujero profundo y no iba a regresar. Desde mi última entrada no he estado inactivo. He estado en palma para navidad, he terminado de revisar el cuento de La Sirada, he estado trabajando en el Atlas Histórico (del que pronto os hablaré en profundidad), y además de eso he tenido razones personales y laborales que me han impedido pasar por aquí.

Bueno, y ya estoy de vuelta. vengo a enseñaros el plano que vendrá en el Cuento de La Sirada, que además representa el mapa mas tardío trazado por los hombres en Mi Mundo. Es decir, en él se representan las regiones del Mundo que los hombres del Viejo Mundo habían explorado a principios del Siglo XVII.

hasta pronto!

18 diciembre, 2010

Mawol durante la Edad de los Elfos

Tras las Guerras de los Dioses, en que éstos casi destruyen el Mundo, pues antes fue esférico, y ahora era plano, se decidió dejar a os mortales vivir en Mawol, una de las caras de este mundo destruido.
Así, en mawol fueron puestos los Doce Navíos Elfos, que navegaron hasta la Tierra de Aradán y otros sitios; de la misma forma, allí crecieron otras criaturas, como los Linajes de los Hombres; los enanos bajo las montañas; o los pielesverdes...
A aquello le llamaron la Edad de los Elfos, pues estos lo gobernaron por largo tiempo. La mayoría de ellos vivieron en la Tierra de Aradán, salvo los Elfos de Yandalath, que habitaron en las Tierras Oscuras de Elhada y las Tierras de Diurna; o los Elfos de Hirinen, que vivieron en las Tierras Prohibidas de Hiria.


Pero no tardaron en estallas las Guerras de la Sangre, en que los Elfos de Yandalath tratarían de conquistar la Tierra de Aradán, combatiendo a casitodos los demás... Las Guerras de la Sangre fueron el acontecimiento bélico más importante de la Edad de los Elfos, tanto, que cambiaría la geografía de Mawol.
Se cuenta que cuando Aradán, de Assëe, se enfrentó a Efgo, de Yandalath, en la última batalla de la guerra, el primero ´golpeó tan fuerte el suelo con su bastón, que la inmensa isla se partió en un archipiélago.
Así es como se formaron los Reinos Elfos de Elanor...

10 diciembre, 2010

Los Pendientes de la Reina


Cuentan que en un palacio encantado vivía una Reina muy fea muy fea. Y por ello, la Reina estaba muy muy triste. Pero un buen día, un mercader se acercó hasta el palacio encantado y le ofreció una planta que, según decía, era mágica. Con ella, sería la mujer más hermosa de todo su Reino. Ella intrigada, le compró la planta mágica al mercader. Desde entonces, dicen, la Reina fue la mujer más bella de aquellas tierras. Al amanecer siempre estaba radiante, pero al atardecer siempre se recogía pronto, y jamás por la noche se dejaba ver. Siempre vestía con las mismas joyas, unos pendientes en forma de bellas flores rosas con largos pistilos y estambres. Al parecer, cada mañana la Reina arrancaba dos flores de su planta mágica, que usaba de pendientes para ese día, y así, su belleza brillaba mientras vivieran las flores. Por ello, siempre debía retirarse al atardecer, pues era cuando éstas marchitaban...




Este es un cuentito corto que le conté a Gemita cuando le regalé la planta por su cumple. 
Para no olvidarlo, os lo dejo aquí!!
Ha sido enviado además, como colaboración a la 
para el número 9, cuyo plazo termina hoy.
Ya os contaré si resultó elegido!



02 diciembre, 2010

El Árbol de las Mil Estrellas

Aquél era el único lugar del mundo en que el cielo se tornaba rosa al atardecer. No se trataba del anaranjado que en la última hora de la tarde cubre el cielo, o del rojizo con que el sol desaparece en el horizonte del mar. Se trataba de un color rosado, tan claro que parecía que el cielo se acolchara, que se fundiera con la magia del bosque cuando el día terminaba. Era algo precioso. Y sólo ocurría en esa porción de bosque, justo sobre aquel árbol de hojas negras y flores blancas. El árbol de las mil estrellas, lo llamaban, o así le gustaba llamarlo a ella, la dama del árbol.

En aquel momento, ella se encontraba columpiándose, sentada sobre una liana que colgaba de su árbol, a la que había atada un gran palo, que le servía columpio. Ella llevaba un vestidito negro, y una red negra y roja le hacía de medias. Estaba descalza, y tenía unos guantes fuxia rotos por los dedos, que asomaban, bien aferrados a la liana. Se daba impulso con las alas, cuyos tonos rojos chillón se mezclaban en hermosas formas con el negro. La melena morena bailaba también con el vaivén, estaba cortada de una extraña forma, pues cada vez que se aburría, ella misma le daba forma con unas tijeras.

Justo entonces apareció Teether, que también era amigo suyo. Éste venía cabalgando en un gato grisáceo, de angora, de largo pelo reluciente, y parecían apresurados. Lo cabalgaba sobre una silla de montar, cual caballo a medida, y en la grupa del gato, llevaba atado un tiesto con una planta. Las hojas de la planta estaban comenzando a secarse, como si haberla sacado de su lugar le hubiera puesto triste, y la firmeza con que una vez brillaron sus flores blancas, ahora estaba decayendo.

- Anda, hola.- Le dijo ella riéndose, pues a menudo era la frase que utilizaba él para saludarla.

Teether sonrió.- Hola.- Y desmontó a su gato, ignorando la burla del hada. El minino, al verse libre, dio una vuelta sobre sí mismo, y se puso a lamerse la entrepierna. Entonces miró a la dama del árbol, y se quedó con esa mirando que ponen ellos antes de atacar a una presa.

- Dile a tu gato que no me mire así.

- No te preocupes, pues no te hará nada...- Y le acarició la cabeza.- Más le vale... ¿Verdad grandullón?

Y el gato desvió la mirada, volviendo a su entrepierna.

- ¿Cómo estás, Teether?- Le preguntó ella sonriendo, estaba muy feliz de que el gnomo hubiera ido a verla. Siempre que aparecía le contaba un cuento, y a ella le encantaba.

- Apresurado.- Contestó.- Estoy muy apresurado.

- ¿Por qué?

- Se ha perdido una amiga mía...

- ¿Quién?- Preguntó ella, deteniendo el columpio al instante con las alas.

- U, una sirada... ¿La has visto por aquí?

- No...- Se encogió de hombro el hada desde su liana.

Teether observó aquel árbol enorme. Su tronco se elevaba mucho, y sus ramas estaban plagas de tremendas hojas negras y de flores blancas. Entonces el gnomo observó el cielo, de aquel color rosado, y el pareció maravilloso, le asombraba cada vez que lo veía. Después le habló a la dama del Árbol de las Mil Estrellas, mirando a su alrededor.- Veo que te has portado bien.

Ella asintió muy contenta.- Claro.

- Eso está bien. Oye, si ves a U, ¿le dirás que la ando buscando, y que regrese a su charca...?

- ¿A cambio de qué?- El hada sonrió pícara.

- mmmm... Te puedo contar una adivinanza.- Ella asintió, deseándolo.- ¿Qué es aquello que no se puede ver, y que sólo pueden tocar aquellos que creen que existe?

El hada volvió a sonreír, y se quedó pensativa. Miró al gnomo, y le habló, poniéndose de pronto muy seria.- Esa es difícil...

- ¡Te dejo pensándolo!- Y lanzó un silbido que hizo que gato diera un salto. Él lo montó, y después se despidió.

- Hasta pronto, ¡espero que la próxima vez que nos veamos me digas la respuesta!
Ella ni le contestó, pues se quedó pensativa. Y cuando él había desaparecido entre los árboles, cabalgando su gato con aquella planta marchita a cuestas, batió sus alas para volver a columpiarse...



Extraído de La Sirada.

27 noviembre, 2010

El Viejo Mundo

Hola!!

Vengo a hablaros de un nuevo proyecto en el que me he embarcado. me he propuesto realizar un atlas histórico de Mi Mundo. En él mostraré la evlución geográfica y antropológica de Mi Mundo, desde que llegaran los Siete Grandes Lüe hasta que éstos casi los destruyeran. Desde el comienzo de la Edad de los Elfos, y a lo largo de ésta, mostrando los movimientos de los ejércitos elfos durante las Guerras de la Sangre. Desde el Gran cataclismo, hasta la expansión de los hombres por toda la superficie plana del Mundo...

Como prueba de ello, de que por fin me he puesto, pues es un proyecto que ambiciono desde hace mucho, os vengo a mostrar este plano que he hecho. No es el único que he hecho estos días, pero sí el que mejor acabado.
Pronto os iré mostrando más cosas.



EL VIEJO MUNDO






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20 noviembre, 2010

Mis Cuentos Terminados


Ésta es la historia de Mëryl, el Dorado, un poderoso dragón que cayó rendido de amor por Tai, una sirena que le tenía un miedo incontenible. Ella, asustada, nadó hasta una costa muy lejana, donde se elevaba un castillo habitado por un malvado brujo. Lo que a todos ellos les sucedió, ya sólo forma parte de sus páginas. El viaje que hizo la sirena fue tan trascendental en la historia de todo un Mundo, que su cuento fue relatado por largo tiempo...



Alba fue una bonita niña encontrada en alta mar por los elfos, que la cuidaron y alejaron de las tierras de los hombres. Así, creció en una isla virgen, llamada Niaghara, en el Mar de las Sirenas, que baña la costa norte del Continente Prohibido de Hiria. Ella vivió feliz en su selva, con los elfos, pero una vez tuvo un sueño que lo cambio todo...



¿Cómo es posible que una melodía pueda contener tanto odio? La Canción de Clauda fue donde se guardó el odio más irracional, y sus notas estaban destinadas a concebir a uno de los más poderoso Demonios Resentidos. Dos fueron las elegidas, una mujer y una elfa, a conseguir la partitura, robada de las incontables estanterías de la alta Torre del Recuerdo. Sólo él sabía la que se avecinaba...



Si existe el destino, es algo que no desvelaremos en este cuento, aunque en él se narre la historia de un hombre que trató de burlarlo. Además, en sus páginas se relata la vida de Agenon, un héroe de la Edad Antigua. Este cuento habla de diferentes acontecimientos que sucedieron a lo largo de la historia de todo un Mundo, presentados a modo de pedazos, que en realidad guardan todos relación.



Una noche de celebración y gloria, de embriaguez y festejo, lo cambió todo. Los ejércitos de elfos, enanos y hombres, juntos, habían derrotado a Golöel, el último de los Siete Demonios Resentidos. Y aquella misma noche, nació su leyenda. Kelpie, a la que llamarían la Dama del Amanecer, fue una mujer que cambió la historia, al acostarse con el Héroe Belean, de Himn, quien había logrado derrotar al poderoso demonio... En este cuento se narra lo sucedido a lo largo de cinco noches, todas ellas lo cambiarían todo. Lo arruinarían todo.



Scrópolo llegaría a ser un gran sacerdote de Ssuhl, el Dios Muerto, pero antes de obtener tanta recompensa, no era más que un despojo, que malvivía alimentándose de sus víctimas. Éste es un capítulo de su vida, en su largo recorrer hacia la no vida que prometía el Dios Muerto...



Los pequeños gestos a veces pueden cambiar las cosas. Éste es un cuento de piratas en que se narra la historia de un navío de leyenda, a la que entrarían a formar parte algunos de los que, ávidos por sus tesoros, estuvieran tan locos como para ir a encontrarlo...



Todos los héroes de leyenda tienen su ocaso, y en esos días en que ven sus fuerzas menguar, añoran las viejas glorias, y desean regresar. El nombre de Halkirk, Castigo de los Monstruos, fue muy sonados en las canciones de los juglares y trovadores por mucho tiempo. Éste sólo fue uno de los cuentos que contaron de él, la leyenda de todo un lago...



Los Doce Navíos Elfos fueron puestos en los Mares del Mundo al comienzo de la Edad de los Elfos, tras la Batalla del Juicio. Los doce llegaron a una gran isla, a la que llamaron La Tierra de Aradán. Ésta es su historia, la de las Doce Altas Estirpes de los Elfos, que pronto dominarían bastas regiones del Mundo. Aquí se relata lo sucedido a las doce familias elfas, durante la Edad de los Elfos y la de los Hombres. Se habla de sus guerras, de sus Reyes, y de sus pasiones. Es, además de un gran cuento, un compendio con todo lo que sé de los elfos en Mi Mundo, al menos hasta la fecha...



Si existe una historia que pueda ser un cuento de hadas, un cuento de piratas, un cuento de amor y de lucha por la libertad, de crecimiento personal y de cambio, una historia de odio familiar en que haya cabida para la política y el idealismo, en el que aparezcan tanto hadas, como gnomos o árboles parlantes, monstruos, reyes y brujas, príncipes desterrados, lugares de sueño y objetos mágicos, venerados como reliquias de épocas remotas, ese cuento es La Sirada...

11 noviembre, 2010

El Décimo Primer Día de Noviembre

La bruja se quito el gorro puntiagudo y se lo puso entre las piernas. Llevaba el pelo, gris y viejo, recogido en un moño, hasta ahora oculto, y fumaba de una pipa. Las hierbas del aquel herbolario sarraceno eran las mejores de toda la Ciudad del Reo. Su piel estaba arrugada por la edad, pero se negaba a marchitarse o a morir, ni ella misma conocía ya su edad. Aquella esa noche, aun así, ella celebraba su cumpleaños. Era el décimo primer día del mes de noviembre, y como cada décimo primer día de mes, las brujas celebraban un aquelarre, aunque de los doce meses de cada año, el de noviembre era el más festejado. Las brujas creían en el poder del número uno. De él obtenían todo su poder. Por ello, aquella fecha era tan importante. Rondaba el año mi trescientos diez, y aquél aquelarre era especial, pues cinco unos se habían reunido. Pero no sólo por eso estaban las brujas excitadas aquella noche. Los próximos diez años serían muy buenos, pues en ellos siempre habría un uno presente, y de ellos, el año siguiente sería realmente bueno. Dos meses después entrarían en mil tres cientos once, y cuando alcanzaran el décimo primer día de noviembre, su poder sería máximo. Aquella noche, tan sólo un año después de ese momento, sería grandiosa. Ella, que era la Hermana Negra Mayor, y que las guiaba a todas en aquella cárcel en forma de ciudad, sonrió ante la perspectiva. Sólo quedaba un año...






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01 noviembre, 2010

Sinopsis de La Sirada

Si existe una historia que pueda ser un cuento de hadas, un cuento de piratas, un cuento de amor y de lucha por la libertad, de crecimiento personal y de cambio, una historia de odio familiar en que haya cabida para la política y el idealismo, en el que aparezcan tanto hadas, como gnomos o árboles parlantes, monstruos, reyes y brujas, príncipes desterrados, lugares de sueño y objetos mágicos, venerados como reliquias de épocas remotas, ese cuento es...






Ya estoy acabando este cuentito, y está quedando precioso.
Creo que voy a probar a enviarlo a editoriales, para ver si hay suerte. La Idea no me termina de convencer del todo, pero el gusanillo es más fuerte. Me encantaría ver un título mío en las estanterías de las librerías... en fin, habrá que intentarlo.
Me queda nada! pronto os cuento.

saludos!
Darka.

17 octubre, 2010

El Periodo de la Sombra

Se encontraban en lo alto de una loma, y en el fondo del valle formado por dos montañas que bajaban desde bien alto, se hallaba la ciudadela, sobre un manto de verdes helechos. Decidieron hacer noche allí, y acercarse con la luz del día. No hicieron fuego, pues tampoco tenían nada que llevarse a la boca, y preferían no ser vistos. Y como pudieron, se acurrucaron para darse calor. Allá abajo estaba el Palacio de Ëndolin, y era precioso.

- Teníais que haberlo visto con la Luna de fondo, en noches como ésta, tanto tiempo atrás que ninguno de los que conocía de aquella época vive aun...- Dijo Orfo, el semiorco.

- ¿La Lula?- Preguntó U de repente.

- No, la Luna. Era una hermosa roca que flotaba en el cielo, era enorme, redonda y preciosa. Brillaba a intervalos, sonriendo cuando comenzaba a encenderse o se apagaba. Pero la robaron del cielo.

- ¿mmm?- Volvió a preguntar U.

- Una noche, simplemente no salió. Y así llevamos ya, casi cerca de un Siglo.- Quedó callado un momento.- El Valle de Ëndolin era precioso aquellas noches, en que su luz azulada bañaba de plata los torreones y ese mar de helechos que lo rodea... Sin ella, deberás esperar hasta mañana, pequeña sirada, para observar la belleza del Palacio, pues su luz de plata no lo bañará esta noche.


(...)


- La Corona Radiante no brilla porque no hay Luna.- Teether contestó sin más. Lo creía a pies juntillas, pues lo había leído en las hojas de su árbol, y ellas jamás mentían.

- Eso es una leyenda.- Dijo tajante el hombre.- Jamás existió tal cosa.

- Por supuesto que existió. Yo misma la vi lucir en el cielo nocturno, cruzar las noches, creciendo y muriendo entre las estrellas... Yo era una niña cuando desapareció del cielo. Simplemente, una noche no salió por el horizonte.

- Cuentos de viejas...- Escupió la voz del hombre.

- Ella tiene razón.- Dijo Teether.- La Luna existió, la creó el Dios del Recuerdo durante las Guerras de los Dioses, antes de que nacieran los primeros mortales... Incontables vueltas debió dar alrededor del Mundo, y muchos fueron los que se enamoraron de su belleza... De ella decían que detrás habitaba Moulth, Diosa de la Noche y de los Sueños, castigada a habitar siempre su otra cara. Pero al final fue un poderoso demonio el que se la llevó del cielo, Golöel lo llaman, pues muchos afirman que aun sigue en este Mundo, y la oculta en alguna parte.



Extraído del cuento de La Sirada

05 octubre, 2010

La Bruja del Mar


La bruja anduvo arrastrando los pies en el camarote de su nave. Sus ropajes harapientos caían hasta los tablones de madera del suelo, y la seguían varios metros ahí donde iba. Aquel camarote era inmenso. Ella vivía a bordo de esa nave, escondida en la escarpada costa norte de la Tierra de Vikinga. Sus siervos la llevaban donde ella deseaba, y ahora debía atender las peticiones de su Rey, Goromer de Grrim. Lo detestaba. Sus cabellos le caían, blancos como la nieve más pura, por la espalda, y se le alborotaban en la cara. Su tez estaba chupada por la edad, un número que ya ni recordaba. Incontables arrugas dibujaban una forma grotesca, con aquella aguileña nariz y orejas puntiagudas. La barbilla también estaba afilada, como si toda ella fuera una arisca forma de vida. Los ojos eran blancos completamente, sin iris ni pupila. Sólo ella sabía porque sus ojos se habían marchitado, y aun a duras penas le dejaban ver de alguna forma espectral. Un colchón raído en el suelo le servía de lecho, e incontables cirios blancos alumbraban la escena. Estaban repartidos por todo el camarote, sobre la mesa, alrededor de la cama, por el suelo, junto a la vidriera que debía ocultar al mar, apaciguado aun en el exterior... En el centro había una mesa llena de folios escritos, e infinidad de tinteros. Además, había un cofre cerrado, y una planta preciosa en un tiesto de madera. Todas las paredes del camarote estaban plagadas de libros, eran una hilera de estanterías con cientos, sino miles, de libros y libros. En el centro de cada una de las estanterías, opuestas en el camarote, había una vitrina. Una contenía un grandioso mapa del mundo conocido, con todas sus costas bien delimitadas, y en la otra había un inmenso rollo de pergamino, frente al cual se había detenido la bruja. Abrió el cristal con una llave que llevaba al cuello y extrajo el tremendo pergamino, con ambas manos y gran esfuerzo, para llevarlo a la mesa. Lo colocó para poder abrirlo, entre el cofre y la planta. Consistía en dos grandes rollos, con bonitas empuñaduras de madera tallada. Tomó cada una de ellas con sus manos arrugadas, casi esqueléticas, y lo abrió para leer en qué parte de su pergamino de hechizos se encontraba. Aquél rollo de papel era inmenso. En él venían escritas las Cartas de Aënor, un compendio de magia que incluía todos los sortilegios de ese Saber de la Magia. La bruja lo había leído por completo, varias veces en su vida, y su conocimiento era tal, que había logrado llevar a cabo muchos de los hechizos que en él había escritos. Por donde el pergamino se abrió había una infinidad de hileras de palabras que iban de un extremo al otro del pergamino. Todo él estaba escrito a lo largo, y cada línea de letras, al llegar al extremo opuesto, volvía a comenzar escrita debajo de ésta.

La bruja acarició las palabras diminutas con la yema de su dedo, y sin querer arañó el papel con su afilada uña. Estaba negra, y retorcida, como las otras nueve. Entonces se maldijo a sí misma en voz baja, y corrió los rollos de pergamino a la vez para leer más adelante. Los sortilegios se sucedían unos tras otros. De cada uno se contaba su historia, cómo se había descubierto, y cómo llevarlo a cabo. Estuvo largo rato buscando, y leyendo a trozos, y cuando comenzaba sentir el balanceo de la nave, dio con el hechizo que buscaba. Se llamaba Leer la Verdad.


(...)
Extraído de La Bruja del Mar, capítulo décimo noveno del cuento de La Sirada.