20 noviembre, 2010
Mis Cuentos Terminados
22 abril, 2008
El Monstruo del Lago
La superficie del lago se movía, varias ondas circulares se expandían de un solo punto, de donde surgió una cabeza. ¡Era una chica! Sus cabellos largos y pelirrojos caían flotando, y su mejilla blanquecina estaba inundada de pequitas. Parecía sonreír, y el enano enseguida se sintió ridículo, otra vez. Entonces descansó su postura de ataque, pero sin soltar hacha y escudo.
- ¡Mujer, salid del agua, rápido!
Pero ella, en lugar de echarse a nadar, se sumergió otra vez, desapareciendo. Halkirk, asustado, se descalzó rápido, tirando las botas y el escudo a la rocas, y sin soltar su hacha, se metió en el agua. Se sintió patoso entre las rocas, casi resbala y cae, pero la chica que se bañaba podría estar en peligro. ¡El monstruo del lago podría aparecer en cualquier momento y devorarla! Cuando el agua ya llegaba al faldón, la cabeza de la doncella volvió a aparecer en la superficie, esta vez más cerca. Ambos se quedaron mirando un segundo. Se trataba de una doncella humana, muy hermosa, hasta para la opinión de Halkirk. Tenía los ojos claros, aunque el enano no llegó a saber de qué color. Las incontables pequitas que tenía por toda la cara no ocultaban el tono pálido de su piel, y su cabello ahora se veía largo y reluciente, incluso bajo la luz tenue de ese día nuboso. Parecía que poco a poco se iba acercando, nadando con las manos, que dibujaban formas en la superficie del agua a su alrededor. Sonreía de manera muy sutil, como si supiera lo que le amenazaba bajo las aguas del lago y no le importara.
- Doncella, os aconsejo salgáis del agua, pues este lago está habitado por una bestia que os devorará sin darme tiempo a salvaros.- Su rostro no cambio, pero seguía acercándose.- ¿Quién sois? Habéis llegado nadando? Vuestro coraje, señora, os llevará a la perdición si no teméis adentraros en un lago encantado...
Entonces sí sonrío. Fue una sonrisa preciosa, joven y encandiladora. El enano vio en ella ternura, pero a la vez entrevió el secreto que ocultaba.
- Vos sois Halkirk, Castigo de los Monstruos, ¿qué habría de temer si os tengo cerca?- Tenía una voz preciosa y suave, acuática...
El enano, entonces, sacó pecho y apretó el arma, a la par nervioso y orgulloso. Siempre se regocijaba de que cualquiera le reconociera.
- ¿Y no me daréis el honor de conocer vuestro nombre, si ya no me hace falta presentarme?- Dijo.
- No os daré ese honor, Castigo de los Monstruos, porque mi nombre es lo de menos en esta historia. Es vuestro papel en ella lo que me intriga...- Halkirk fue a decir “¿Qué?”, pero cerró su bocaza y siguió escuchando.- No temo al lago, como él no os teme a vos. ¿Por qué esperáis a la bestia en la orilla, si ésta habita en el lago? ¿Os dais cuenta de la incoherencia del cazador?
- ¿La incoherencia del cazador?- Dijo él, mientras que ella se había detenido a escasas brazas, aun nadando, pero sólo con la cabeza a flote.
- No podréis cazar al monstruo si no acudís a donde éste se esconde, Señor Castigo de los Monstruos...- Se mofó ella.- Venid al agua, conmigo, la bestia podría estar acechando ahora, en este momento... Sería la mejor ocasión para que le dierais caza.
El enano pensó que matar a la bestia salvando de sus fauces a una hermosa doncella sería un gran cuento para cualquier narrador itinerante, pero había algo que no le cuadraba. ¿De dónde había salido esa chica? Si había venido nadando...¿por qué la bestia no la había matado ya?
- ¿Por qué no me diréis vuestro nombre, doncella del lago?
- Ése, precisamente ése, sea tal vez el mejor nombre por el que me conoceréis.- Halkirk creyó entenderla.- Venid conmigo, habitante de las tierras altas. Os sentará bien un baño, y será una gran oportunidad para batirte con el monstruo.
- Me siento mejor en tierra firme.- Dijo tajante bajo su barba.
- ¿Estáis seguro de que no queréis venir conmigo, a daros un baño?
(...)
El Monstruo del Lago
El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago
Memorias Olvidadas
Darka Treake
www.modt.net
Aquí está la cuarta entrega de El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago.
Este capítulo se llama El Monstruo del Lago, y podéis descargarlo completo en formato PDF aquí:
18 abril, 2008
Unas letras
Por fin vengo con algo escrito... Y es que he comenzado ya el siguiente capítulo del Cuento de El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago. Este capítulo se llamará El Monstruo del lago, pero esta entrada no es su presentación oficial. Es sólo que quería enseñaros el pedacito que he escrito y que me sirve de comeinzo de capítulo...
Y que quería publicar una entrada ya con algo de verdad y menos rollos técnicos del blog!!
Aquí lo teneís...
Cuando las primeras estrellas comenzaron a apagarse y la mañana dio paso a otro día gris, ya estaba Halkirk, Castigo de los Monstruos, cruzando el puente levadizo. Llevaba ya varios años madrugando y durmiendo pocas horas, con lo que a él le había gustado dormir en la juventud... Y ésa era otra razón por la que debatía consigo mismo la idea de estar envejeciendo, lo cual se negaba continuamente. Aquella mañana, como no podía ser de otra manera, vestía su falda a cuadros, que le dejaba las piernas al frío aire, y portaba su hacha y escudo a la espalda. Sobre el puente levadizo se escucharon sus botas resonar a cada paso, hasta que comenzó su andadura sobre la hierba, más allá del foso que protegía el majestuoso Castillo de Urq’Uhart. Retomó el camino que le había traído hasta allí el día anterior, junto al heraldo de Sir Thomas de Durward, y caminó mientras imaginaba al sol naciendo tras las nubes, y después elevándose en aquel paraje inhóspito, mágico y tenebroso, que era el lago. Agradable, incluso, en su medida... Iba decidido a dar con la bestia antes que los demás. A él el castillo y las tierras no le preocupaban demasiado. Las cosas mundanas eran algo que se dejaban tras la muerte, y que no valía la pena ir amasando. Lo que Halkirk buscaba era la gloria perdida, quería volver a escuchar su nombre en los cuentos de los juglares de palacio, de los trovadores de las plazas y de los niños asustados. Eso era lo que quedaba, lo que hacía a uno vivir para siempre...
(Continuará...)
07 abril, 2008
El duende y el alguacil
Mientras pensaba, se desvistió, y se puso un camisón a modo de pijama. Lo hizo todo lo rápido que pudo, hacía mucho frío. Después encendió una vela en la mesilla, que iluminó la estancia, hasta ahora en la penumbra que las estrellas dejaban tras colarse por el ventanuco. Y entonces se sentó en su cama, y en ese momento, una vocecilla respingona le habló a la espalda, como exaltada.- ¡Ay! ¡Mis pies!
Rich se giró y vio a la diminuta criatura, cuyos pies estaban bajo su trasero. El duende estaba tumbado boca arriba en su cama, como si estuviera esperándolo. Tenía la cabeza apoyada sobre sus brazos, y éstos sobre la almohada de Rich. Vestía un trajecito rojo oscuro, y un sombrero del mismo color con una pequeña pluma blanca, a escala. El alguacil se levantó de un salto.
- ¡Lo siento! No te había visto...
- Rich, siempre te espero aquí, tumbado en tu cama. Y tú siempre llegas y te sientas encima mío. Al menos hoy sólo sobre los pies...
Rich se sentó junto a él, y se restregó la cara con las manos.- Ya lo sé... Lo siento, siempre te lo digo. Es que ha sido un día muy duro...
- Sí, ya lo he oído. Todo. Siento lo de Sir Thomas...- Dijo el duende con su vocecilla estridente, y se sorbió los mocos en el interior de su nariz aguileña.- Esta noche he venido por eso.
- No sé qué va a pasar ahora... Las cosas están difíciles en Urq’Uhart. Sir Jacob va a hacerse con todo. Porque dudo que los Grant...
- No.- Le interrumpió el duende en un tono muy serio, que no lo caracterizaba.- Nadie va a matar al monstruo del lago.
- ¿Qué?
- Lo que oyes. Ni los Durward, ni los Grant, ni ese enano de leyenda podrán acabar con la bestia.
- ¿Has escuchado toda la conversación?
El duende asintió.
- ¿Y cómo sabes que no podrán con el monstruo?
- Porque ese monstruo no es un monstruo cualquiera. Su leyenda viene siendo cantada desde tiempos inmemoriales. Nació con esta región, y ha ido cambiando con el mundo... No podrán vencer a la leyenda, porque eso significaría terminar con ella.- El alguacil no parecía entenderlo muy bien.- No te preocupes Rich, al menos no por el monstruo.
- No es el monstruo lo que me preocupa...- Dijo en voz baja, pero el duende lo ignoró.
- Preocúpate por Urq’Uhart, por tus gentes y por ti mismo. Porque la ira del monstruo ya se ha despertado, y la arrogancia de los hombres va a llevar a la destrucción de todo cuanto conoces...
(...)
El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago
Memorias Olvidadas
Darka Treake
Esto es un trocito del tercer capítulo de El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago. Después de esto, ya puedo decir que he pasado la mitad del cuento. Aun quedan dos capítulos, que espero tener pronto. He estado unos días sin escribiros, porque esta última semana ha sido un poco estresante, y esta que empieza lo será más!!
El miércoles comienza Mallorca Fantástica!!
Os escribiré hablandoos sobre ello.
Para quien quiera leer el capítulo completo, puede descargarlo en formato PDF en el siguiente enlace:
Un saludo!
Darka.
31 marzo, 2008
El castillo sobre el promontorio
El Castillo de Urq’Uhart se levantaba sobre un promontorio que se adentraba en el lago gris. Con esa situación, no sólo representaba una gran posición defensiva, sino que su visión era espectacular. Era un bastión hasta la fecha inexpugnable, magnífico y bello. Una gruesa muralla rodeaba la fortaleza, a un lado la alta torre del homenaje, y al otro, sobre la elevación del peñón, una torre defensiva. Halkirk, Castigo de los Monstruos, y Donan, el heraldo de Durward, divisaron pronto a los centinelas, haciendo guardia entre las almenas de la muralla y torres. Los estandartes del clan Durward se elevaban, alzando su emblema con nobleza: una preciosa llave sobre un fondo a cuadros en tonos grises. Una visión espectacular. En efecto, el enano le reconoció al heraldo que era uno de los castillos más bellos que había visto en su larga vida, y que por él, y su perpetuación, daría caza a la bestia, con gusto.
La fortaleza ofrecía cobijo a muchos habitantes de la región. El Señor de Urq’Uhart era soberano de muchas tierras alrededor del castillo, al norte del inmenso lago. Había tierras de labranza, trabajadas donde antes hubo bosque, y había campos completamente arrasados, cuyos árboles habían sido talados para fabricar máquinas de guerra, barcos o la misma fortaleza. Eso apenó al enano, pero pensó que el lugar era tan bello, que incluso el mal causado a la tierra había valido la pena.
Nadie los esperaba cuando llegaron al Castillo de Urq’Uhart. Aun así el puente levadizo sobre el foso parecía estar dispuesto para su llegada, pues en aquella región del mundo aun eran tiempos de paz. No sabían lo que se les avecinaba... Cuando Halkirk cruzó la gran arcada de entrada, flanqueada por dos fuertes torretas defensivas, se maravilló con la floreciente ciudad. El primer patio de armas era bastante amplio. En el centro, sobre una pequeña elevación, estaba la capilla, un edificio bonito, pero no muy grande. Le asombró especialmente su puerta, adornada con mil florituras, y pensó que a menudo los hombres trataban de emular a los enanos en sus bellas construcciones, y que a veces hasta se acercaban con sus obras de arte. Frente a sí, varios edificios que debían quedar al borde del promontorio sobre el que se levantaba el castillo: el alojamiento para los nobles, salones y, por el olor que de allí provenía, las cocinas. A Halkirk se le hizo la boca agua con ese olor a cordero asado en manteca. A la derecha, estaba el establo. Estos edificios bajos se unían a la torre del homenaje por la izquierda, hogar indudable de Sir Thomas... Del difunto Sir Thomas de Durward. Desde la torre del homenaje, y rodeando todo por la izquierda hasta su espalda, una fuerte muralla, con centinelas observándolo todo. Sobre la arcada de entrada, que acaban de cruzar, estaba la casa del alguacil, quien estaba al cargo de la fortaleza mientras Sir Thomas, su Señor, se ausentaba. Éste apareció de ahí muy rápido, a recibirles. Parecía muy consternado por la llegada del heraldo. A la derecha de Halkirk, la muralla cerraba el patio de armas, dejando una arcada como entrada a otro patio, tal vez aun mayor que ése en el que estaban. Más allá se veía la torre defensiva sobre el peñón, en su parte más occidental y más alta. Era una fortaleza magnífica, muy hermosa, y rebosante de vida. Mucha gente había por allí, cada uno en sus labores y quehaceres. Todos mirando a la extraña pareja... No era muy normal que el heraldo hubiese aparecido sin su señor, y éste confirmó los miedos de todos.
Halkirk estaba presente cuando le dio la noticia al alguacil. El heraldo se puso a llorar, ya incluso antes de pronunciar palabra, cuando el alguacil se acercaba.
- Ha muerto, Rich. Ha muerto...
(...)
Extraído de El castillo sobre el promontorio
El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago
Memorias Olvidadas
Darka Treake
En el siguiente enlace podéis descargaros el segundo capítulo de este cuento:
El castillo sobre el promontorio
El siguiente capítulo estará listo pronto, porque además, es más cortito. Su nombre será: El Duende y el Alguacil.
27 marzo, 2008
El Castigo de los Monstruos
(...)
(...)
Extraído de El Castigo de los Monstruos
El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago
Memorias Olvidadas
Darka Treake

Lago Ness, lugar en que está inspirado este cuento
22 de marzo de 2008
Este fragmento pertenece al primer capítulo del cuento de El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago (el primer capítulo de cinco). Es un cuentito que comenzó a escribirse en mi cabeza la noche del 21 de marzo de 2008, al llegar al Lago Ness, con la luna llena reflejada en sus calmadas aguas...
Es un lugar místico, mágico, de leyenda... Y sin duda evocador. Este cuento comenzó a formarse en ese lugar de sueño, pero no dejó de dar vueltas y vueltas en mi cabeza durante el resto del viaje, que terminaría por formarse.
Ahora, por fin, he comenzado a escribirlo...¡No quiero olvidarlo!
Y voy a ir dejándoslo aquí para quien quiera ir leyéndolo.
El personaje de Halkirk, el Castigo de los Monstruos, estaba medio pensado hacía tiempo, pero en este lugar ha terminado de formarse... Era algo inevitable.
El Lago Ness es uno de esos lugares que tenía que visitar antes de morirme. Un sueño cumplido. Llegamos por la noche y paramos el coche en la carretera, junto al lago. Y allí dormimos.
¡Qué dificil cerrar los ojos para dormir cuando tienes el Lago Ness bajo la luna llena al otro lado de la ventanilla de coche!
Aquel momento fue mágico. Tendríais que haberlo vivido.
A la mañana siguiente, el hecho de levantarme y bajar hasta la orilla, y lavarme la cara con su fresca agua, y tomar un buen trago... Sólo eso ya valió el viaje entero...
Bueno, espero que os guste este pedacito introductorio.
Quien quiera leer el capítulo entero, puede descargarlo aquí:
El Castigo de los Monstruos
He querido editar esta entrada, para añadir esta foto que me ha pasado Dreu. Es de la noche del 21 de marzo, llegando al Lago Ness, con la luna llena reflajada en sus aguas... Fue un momento mágico.
Os la dejo aquí para que la veáis.
20 noviembre, 2010
Mis Cuentos Terminados
22 abril, 2008
El Monstruo del Lago
La superficie del lago se movía, varias ondas circulares se expandían de un solo punto, de donde surgió una cabeza. ¡Era una chica! Sus cabellos largos y pelirrojos caían flotando, y su mejilla blanquecina estaba inundada de pequitas. Parecía sonreír, y el enano enseguida se sintió ridículo, otra vez. Entonces descansó su postura de ataque, pero sin soltar hacha y escudo.
- ¡Mujer, salid del agua, rápido!
Pero ella, en lugar de echarse a nadar, se sumergió otra vez, desapareciendo. Halkirk, asustado, se descalzó rápido, tirando las botas y el escudo a la rocas, y sin soltar su hacha, se metió en el agua. Se sintió patoso entre las rocas, casi resbala y cae, pero la chica que se bañaba podría estar en peligro. ¡El monstruo del lago podría aparecer en cualquier momento y devorarla! Cuando el agua ya llegaba al faldón, la cabeza de la doncella volvió a aparecer en la superficie, esta vez más cerca. Ambos se quedaron mirando un segundo. Se trataba de una doncella humana, muy hermosa, hasta para la opinión de Halkirk. Tenía los ojos claros, aunque el enano no llegó a saber de qué color. Las incontables pequitas que tenía por toda la cara no ocultaban el tono pálido de su piel, y su cabello ahora se veía largo y reluciente, incluso bajo la luz tenue de ese día nuboso. Parecía que poco a poco se iba acercando, nadando con las manos, que dibujaban formas en la superficie del agua a su alrededor. Sonreía de manera muy sutil, como si supiera lo que le amenazaba bajo las aguas del lago y no le importara.
- Doncella, os aconsejo salgáis del agua, pues este lago está habitado por una bestia que os devorará sin darme tiempo a salvaros.- Su rostro no cambio, pero seguía acercándose.- ¿Quién sois? Habéis llegado nadando? Vuestro coraje, señora, os llevará a la perdición si no teméis adentraros en un lago encantado...
Entonces sí sonrío. Fue una sonrisa preciosa, joven y encandiladora. El enano vio en ella ternura, pero a la vez entrevió el secreto que ocultaba.
- Vos sois Halkirk, Castigo de los Monstruos, ¿qué habría de temer si os tengo cerca?- Tenía una voz preciosa y suave, acuática...
El enano, entonces, sacó pecho y apretó el arma, a la par nervioso y orgulloso. Siempre se regocijaba de que cualquiera le reconociera.
- ¿Y no me daréis el honor de conocer vuestro nombre, si ya no me hace falta presentarme?- Dijo.
- No os daré ese honor, Castigo de los Monstruos, porque mi nombre es lo de menos en esta historia. Es vuestro papel en ella lo que me intriga...- Halkirk fue a decir “¿Qué?”, pero cerró su bocaza y siguió escuchando.- No temo al lago, como él no os teme a vos. ¿Por qué esperáis a la bestia en la orilla, si ésta habita en el lago? ¿Os dais cuenta de la incoherencia del cazador?
- ¿La incoherencia del cazador?- Dijo él, mientras que ella se había detenido a escasas brazas, aun nadando, pero sólo con la cabeza a flote.
- No podréis cazar al monstruo si no acudís a donde éste se esconde, Señor Castigo de los Monstruos...- Se mofó ella.- Venid al agua, conmigo, la bestia podría estar acechando ahora, en este momento... Sería la mejor ocasión para que le dierais caza.
El enano pensó que matar a la bestia salvando de sus fauces a una hermosa doncella sería un gran cuento para cualquier narrador itinerante, pero había algo que no le cuadraba. ¿De dónde había salido esa chica? Si había venido nadando...¿por qué la bestia no la había matado ya?
- ¿Por qué no me diréis vuestro nombre, doncella del lago?
- Ése, precisamente ése, sea tal vez el mejor nombre por el que me conoceréis.- Halkirk creyó entenderla.- Venid conmigo, habitante de las tierras altas. Os sentará bien un baño, y será una gran oportunidad para batirte con el monstruo.
- Me siento mejor en tierra firme.- Dijo tajante bajo su barba.
- ¿Estáis seguro de que no queréis venir conmigo, a daros un baño?
(...)
El Monstruo del Lago
El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago
Memorias Olvidadas
Darka Treake
www.modt.net
Aquí está la cuarta entrega de El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago.
Este capítulo se llama El Monstruo del Lago, y podéis descargarlo completo en formato PDF aquí:
18 abril, 2008
Unas letras
Por fin vengo con algo escrito... Y es que he comenzado ya el siguiente capítulo del Cuento de El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago. Este capítulo se llamará El Monstruo del lago, pero esta entrada no es su presentación oficial. Es sólo que quería enseñaros el pedacito que he escrito y que me sirve de comeinzo de capítulo...
Y que quería publicar una entrada ya con algo de verdad y menos rollos técnicos del blog!!
Aquí lo teneís...
Cuando las primeras estrellas comenzaron a apagarse y la mañana dio paso a otro día gris, ya estaba Halkirk, Castigo de los Monstruos, cruzando el puente levadizo. Llevaba ya varios años madrugando y durmiendo pocas horas, con lo que a él le había gustado dormir en la juventud... Y ésa era otra razón por la que debatía consigo mismo la idea de estar envejeciendo, lo cual se negaba continuamente. Aquella mañana, como no podía ser de otra manera, vestía su falda a cuadros, que le dejaba las piernas al frío aire, y portaba su hacha y escudo a la espalda. Sobre el puente levadizo se escucharon sus botas resonar a cada paso, hasta que comenzó su andadura sobre la hierba, más allá del foso que protegía el majestuoso Castillo de Urq’Uhart. Retomó el camino que le había traído hasta allí el día anterior, junto al heraldo de Sir Thomas de Durward, y caminó mientras imaginaba al sol naciendo tras las nubes, y después elevándose en aquel paraje inhóspito, mágico y tenebroso, que era el lago. Agradable, incluso, en su medida... Iba decidido a dar con la bestia antes que los demás. A él el castillo y las tierras no le preocupaban demasiado. Las cosas mundanas eran algo que se dejaban tras la muerte, y que no valía la pena ir amasando. Lo que Halkirk buscaba era la gloria perdida, quería volver a escuchar su nombre en los cuentos de los juglares de palacio, de los trovadores de las plazas y de los niños asustados. Eso era lo que quedaba, lo que hacía a uno vivir para siempre...
(Continuará...)
07 abril, 2008
El duende y el alguacil
Mientras pensaba, se desvistió, y se puso un camisón a modo de pijama. Lo hizo todo lo rápido que pudo, hacía mucho frío. Después encendió una vela en la mesilla, que iluminó la estancia, hasta ahora en la penumbra que las estrellas dejaban tras colarse por el ventanuco. Y entonces se sentó en su cama, y en ese momento, una vocecilla respingona le habló a la espalda, como exaltada.- ¡Ay! ¡Mis pies!
Rich se giró y vio a la diminuta criatura, cuyos pies estaban bajo su trasero. El duende estaba tumbado boca arriba en su cama, como si estuviera esperándolo. Tenía la cabeza apoyada sobre sus brazos, y éstos sobre la almohada de Rich. Vestía un trajecito rojo oscuro, y un sombrero del mismo color con una pequeña pluma blanca, a escala. El alguacil se levantó de un salto.
- ¡Lo siento! No te había visto...
- Rich, siempre te espero aquí, tumbado en tu cama. Y tú siempre llegas y te sientas encima mío. Al menos hoy sólo sobre los pies...
Rich se sentó junto a él, y se restregó la cara con las manos.- Ya lo sé... Lo siento, siempre te lo digo. Es que ha sido un día muy duro...
- Sí, ya lo he oído. Todo. Siento lo de Sir Thomas...- Dijo el duende con su vocecilla estridente, y se sorbió los mocos en el interior de su nariz aguileña.- Esta noche he venido por eso.
- No sé qué va a pasar ahora... Las cosas están difíciles en Urq’Uhart. Sir Jacob va a hacerse con todo. Porque dudo que los Grant...
- No.- Le interrumpió el duende en un tono muy serio, que no lo caracterizaba.- Nadie va a matar al monstruo del lago.
- ¿Qué?
- Lo que oyes. Ni los Durward, ni los Grant, ni ese enano de leyenda podrán acabar con la bestia.
- ¿Has escuchado toda la conversación?
El duende asintió.
- ¿Y cómo sabes que no podrán con el monstruo?
- Porque ese monstruo no es un monstruo cualquiera. Su leyenda viene siendo cantada desde tiempos inmemoriales. Nació con esta región, y ha ido cambiando con el mundo... No podrán vencer a la leyenda, porque eso significaría terminar con ella.- El alguacil no parecía entenderlo muy bien.- No te preocupes Rich, al menos no por el monstruo.
- No es el monstruo lo que me preocupa...- Dijo en voz baja, pero el duende lo ignoró.
- Preocúpate por Urq’Uhart, por tus gentes y por ti mismo. Porque la ira del monstruo ya se ha despertado, y la arrogancia de los hombres va a llevar a la destrucción de todo cuanto conoces...
(...)
El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago
Memorias Olvidadas
Darka Treake
Esto es un trocito del tercer capítulo de El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago. Después de esto, ya puedo decir que he pasado la mitad del cuento. Aun quedan dos capítulos, que espero tener pronto. He estado unos días sin escribiros, porque esta última semana ha sido un poco estresante, y esta que empieza lo será más!!
El miércoles comienza Mallorca Fantástica!!
Os escribiré hablandoos sobre ello.
Para quien quiera leer el capítulo completo, puede descargarlo en formato PDF en el siguiente enlace:
Un saludo!
Darka.
31 marzo, 2008
El castillo sobre el promontorio
El Castillo de Urq’Uhart se levantaba sobre un promontorio que se adentraba en el lago gris. Con esa situación, no sólo representaba una gran posición defensiva, sino que su visión era espectacular. Era un bastión hasta la fecha inexpugnable, magnífico y bello. Una gruesa muralla rodeaba la fortaleza, a un lado la alta torre del homenaje, y al otro, sobre la elevación del peñón, una torre defensiva. Halkirk, Castigo de los Monstruos, y Donan, el heraldo de Durward, divisaron pronto a los centinelas, haciendo guardia entre las almenas de la muralla y torres. Los estandartes del clan Durward se elevaban, alzando su emblema con nobleza: una preciosa llave sobre un fondo a cuadros en tonos grises. Una visión espectacular. En efecto, el enano le reconoció al heraldo que era uno de los castillos más bellos que había visto en su larga vida, y que por él, y su perpetuación, daría caza a la bestia, con gusto.
La fortaleza ofrecía cobijo a muchos habitantes de la región. El Señor de Urq’Uhart era soberano de muchas tierras alrededor del castillo, al norte del inmenso lago. Había tierras de labranza, trabajadas donde antes hubo bosque, y había campos completamente arrasados, cuyos árboles habían sido talados para fabricar máquinas de guerra, barcos o la misma fortaleza. Eso apenó al enano, pero pensó que el lugar era tan bello, que incluso el mal causado a la tierra había valido la pena.
Nadie los esperaba cuando llegaron al Castillo de Urq’Uhart. Aun así el puente levadizo sobre el foso parecía estar dispuesto para su llegada, pues en aquella región del mundo aun eran tiempos de paz. No sabían lo que se les avecinaba... Cuando Halkirk cruzó la gran arcada de entrada, flanqueada por dos fuertes torretas defensivas, se maravilló con la floreciente ciudad. El primer patio de armas era bastante amplio. En el centro, sobre una pequeña elevación, estaba la capilla, un edificio bonito, pero no muy grande. Le asombró especialmente su puerta, adornada con mil florituras, y pensó que a menudo los hombres trataban de emular a los enanos en sus bellas construcciones, y que a veces hasta se acercaban con sus obras de arte. Frente a sí, varios edificios que debían quedar al borde del promontorio sobre el que se levantaba el castillo: el alojamiento para los nobles, salones y, por el olor que de allí provenía, las cocinas. A Halkirk se le hizo la boca agua con ese olor a cordero asado en manteca. A la derecha, estaba el establo. Estos edificios bajos se unían a la torre del homenaje por la izquierda, hogar indudable de Sir Thomas... Del difunto Sir Thomas de Durward. Desde la torre del homenaje, y rodeando todo por la izquierda hasta su espalda, una fuerte muralla, con centinelas observándolo todo. Sobre la arcada de entrada, que acaban de cruzar, estaba la casa del alguacil, quien estaba al cargo de la fortaleza mientras Sir Thomas, su Señor, se ausentaba. Éste apareció de ahí muy rápido, a recibirles. Parecía muy consternado por la llegada del heraldo. A la derecha de Halkirk, la muralla cerraba el patio de armas, dejando una arcada como entrada a otro patio, tal vez aun mayor que ése en el que estaban. Más allá se veía la torre defensiva sobre el peñón, en su parte más occidental y más alta. Era una fortaleza magnífica, muy hermosa, y rebosante de vida. Mucha gente había por allí, cada uno en sus labores y quehaceres. Todos mirando a la extraña pareja... No era muy normal que el heraldo hubiese aparecido sin su señor, y éste confirmó los miedos de todos.
Halkirk estaba presente cuando le dio la noticia al alguacil. El heraldo se puso a llorar, ya incluso antes de pronunciar palabra, cuando el alguacil se acercaba.
- Ha muerto, Rich. Ha muerto...
(...)
Extraído de El castillo sobre el promontorio
El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago
Memorias Olvidadas
Darka Treake
En el siguiente enlace podéis descargaros el segundo capítulo de este cuento:
El castillo sobre el promontorio
El siguiente capítulo estará listo pronto, porque además, es más cortito. Su nombre será: El Duende y el Alguacil.
27 marzo, 2008
El Castigo de los Monstruos
(...)
(...)
Extraído de El Castigo de los Monstruos
El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago
Memorias Olvidadas
Darka Treake

Lago Ness, lugar en que está inspirado este cuento
22 de marzo de 2008
Este fragmento pertenece al primer capítulo del cuento de El Duende, la Doncella y el Monstruo del Lago (el primer capítulo de cinco). Es un cuentito que comenzó a escribirse en mi cabeza la noche del 21 de marzo de 2008, al llegar al Lago Ness, con la luna llena reflejada en sus calmadas aguas...
Es un lugar místico, mágico, de leyenda... Y sin duda evocador. Este cuento comenzó a formarse en ese lugar de sueño, pero no dejó de dar vueltas y vueltas en mi cabeza durante el resto del viaje, que terminaría por formarse.
Ahora, por fin, he comenzado a escribirlo...¡No quiero olvidarlo!
Y voy a ir dejándoslo aquí para quien quiera ir leyéndolo.
El personaje de Halkirk, el Castigo de los Monstruos, estaba medio pensado hacía tiempo, pero en este lugar ha terminado de formarse... Era algo inevitable.
El Lago Ness es uno de esos lugares que tenía que visitar antes de morirme. Un sueño cumplido. Llegamos por la noche y paramos el coche en la carretera, junto al lago. Y allí dormimos.
¡Qué dificil cerrar los ojos para dormir cuando tienes el Lago Ness bajo la luna llena al otro lado de la ventanilla de coche!
Aquel momento fue mágico. Tendríais que haberlo vivido.
A la mañana siguiente, el hecho de levantarme y bajar hasta la orilla, y lavarme la cara con su fresca agua, y tomar un buen trago... Sólo eso ya valió el viaje entero...
Bueno, espero que os guste este pedacito introductorio.
Quien quiera leer el capítulo entero, puede descargarlo aquí:
El Castigo de los Monstruos
He querido editar esta entrada, para añadir esta foto que me ha pasado Dreu. Es de la noche del 21 de marzo, llegando al Lago Ness, con la luna llena reflajada en sus aguas... Fue un momento mágico.
Os la dejo aquí para que la veáis.
