06 marzo, 2010
La Dama Negra
11 noviembre, 2007
Primera planta. 06.11 horas.
La Dama Negra avanzaba pegada a la pared, tratando de ocultarse en el umbral de la única puerta que tenía el pasillo. Iba siguiendo a los valientes de Düredar y al elfo, que caminaban en grupo unos cuantos pasos por delante suyo. A través del corredor, podía ver perfectamente la lucecilla de ese incordio de hada que siempre acompañaba al elfo. Daba vueltas alrededor de todos ellos, yendo y viniendo, adelante, a iluminar la cabeza, y atrás, donde estaba el elfo. Ese elfo... El heredero de una de las grandes Estirpes de los Elfos, y estaba ahí, jugándose la vida, arriesgando trono y nombre por salvar a esa chica. Era incomprensible para ella. Hasta los príncipes elfos son manipulables cuando se enamoran... Sonrió, y se asomó desde el umbral. El grupo de salvadores, los muy ineptos, giraban la esquina, el corredor seguía a la izquierda.
Cuando el último de ellos, el elfo, había girado la esquina, ella caminó silenciosamente hasta ella. Creyó haberse precipitado, tal vez, cuando escuchó su voz, con ese acento élfico que tanto le asqueaba.
- Parad. He oído algo ahí atrás.
Lo dijo en voz baja, y los pasos cesaron. Ella intuitivamente, ordenó a su bastón que dejara de emitir esa luz que sólo ella veía, que se apagó. Y de pronto, frente a sí, apareció el hada del elfo, que giró la esquina y se le plantó en la cara. La elfa, al ver que estaba a punto de ponerse a chillar, asquerosa voz de pito, la atrapó entre sus manos con agilidad, y guardó completo silencio.
Entonces no vio nada, nada en absoluto, pero le escuchó acercarse. Permaneció completamente quieta, pero el elfo estaba ahí. Podía sentirle. Debían estar cara a cara, a escasos palmos de distancia. No respiró, no se movió un ápice...
- Lya, vámonos.- El elfo habló y la Dama Negra se estremeció. Le tenía justo enfrente. Entonces él se debió dar la vuelta y alejarse, derecho al grupo.- No ha debido ser nada...- Dijo, y reanudaron la marcha.
Si esa elfa era capaz de poseer corazón, le estaba palpitando frenético, a toda velocidad. Tardó un segundo en reaccionar, y entonces cayó en el cosquilleo entre sus manos. Abrió las palmas, y el hada salió revoloteando e iluminándolo todo. Salió espantada, girando la esquina hacia su amo.
Entonces la elfa desapareció. No sé si por arte de magia o es que veloz se deslizó por el pasillo, en todo caso, se escabulló.
El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake
07 noviembre, 2007
Primera planta. 06.08 horas.
- Parad. He oído algo ahí atrás.
Todos pararon, y Lya, el hada del príncipe elfo, revoloteó brillando hacia la esquina, a escasos pasos de su amo. Al girarla desapareció.
El elfo corrió hasta allí, hasta la esquina, y no vio nada. El pasillo por donde habían venido estaba en completa oscuridad, y Lya había desaparecido. Se quedó muy quieto, intentando escrutar el negro interminable, pero no alcanzó a verla. ¿Dónde se habría metido? Tuvo el impulso de mover el brazo hacia adelante, pero se sintió ridículo al no esperar tocar nada y no ver nada.
En seguida, se dio la vuelta diciendo:- Lya, vámonos.- y se dirigió mirando a su espalda hacia los demás.- No ha debido ser nada...- Dijo, y reanudaron la marcha.
Al momento, apareció Lya de la esquina, despedida hacia Ïlandil, que se detuvo en seco. El hada venía revoloteando histérica, como loca, comenzó a dar vueltas alrededor de la cabeza del elfo, que trató de calmarla. Interpuso una mano en su trayectoria, y la pequeña, al chocarse, cayó sobre la otra.
- ¿Qué ha ocurrido, pequeña?- Dijo, tierno y preocupado, a la vez.
Lya le susurró algo que los hombres de Düredar no escucharon, pero que debió alertar al elfo, que saltó hacia la esquina, y se perdió tras ella. No llegó lejos, sólo unos metros, porque no había nada. El hada lo alcanzó, y voló sobre él, pero no vio nada con su luz. El pasillo, hasta donde alcanzaba su vista, estaba vacío por completo...
29 octubre, 2007
Décimo tercera planta. 06.28 horas.
- Adelante.- Al abrirse la puerta, apareció el tremendo orco. Se le veía fatigado al subir la escalera de caracol.
- Maestro, ha llegado el Legado de Ssuhl, el Dios Muerto. Es un necrófago... Se hace llamar Scróplo. Y está sólo.- Puntualizó.
- Muy bien.- Contestó el brujo bajo su máscara grotesca.- Recíbele tú,- Añadió mirando al demonio que llevaba encadenado el orco al brazo.- y causa buena impresión, que te conozco... Asegurate que le llevan a su aposentos. Y quiero a cuatro de tus mejores guerreros pegado a él desde que salga de ellos hasta que vuelva entrar.
- Sí, Maestro.- Y asintió muy serio.
- Dile que descanse tras el viaje. Dile que aun faltan invitados por llegar, así que puede tomarse su tiempo... Yo me echaré un rato, necesito descansar también. Tomar fuerzas... Se acerca el gran momento, y esto debe salir bien.- Calló un segundo.- Quiero que estés pendiente de todo. No quiero que nada salga mal.
- Sí, Maestro.- Su gutural voz ya se perdía en la escalera de caracol, cuando el gran brujo habló.
- L’Caor, obsérvalo. Quiero saber cómo es. No a menudo se recibe al emisario de un Gran Dios...
25 octubre, 2007
Afueras de Teth Nolin. 06.07 horas.
A lo lejos, hacia el sureste, se observó una nube de polvo que avanzaba hacia la torre, levantada por los cascos de algún animal de tiro que corría a toda prisa. Un tremendo carro negro, tirado por dos caballos enormes, cruzaba el desierto, apurado, sabiendo que casi llegaba tarde a la cita. Nada más, un carro solitario del que colgaban bailando al viento unas cortinas oscuras como la misma noche, de la más fina seda, impenetrables. Al galope, era muy majestuoso, pero el cochero, vestido con una túnica y sin rostro, le daba a la imagen un aspecto tenebroso, fantasmagórico.
Tantas millas había recorrido el carro tirado por los grandes caballos, sin descanso en su premura, por no faltar al evento... Una vez cruzadas las Montañas del Anochecer, el cochero había seguido la luz centelleante que desprendía la torre. Teth Nolin, la guarida de la Llorona... La profecía podría ser cierta.
El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake
24 septiembre, 2007
. Ulara, la Llorona .
Muchas son las cosas que se oyen por ahí, las malas lenguas y los susurros en la oscuridad. La mayoría son habladurías, cuentos para asustar, así los llaman. Pero otras no. Otras podrían ser hechos ocurridos aunque ya olvidados en la historia... Lo que aquí se cuenta, lo que se va a narrar, puede ser interpretado como sólo un cuento popular más, o puede ser que todo lo que cuenta en realidad ocurriera. Sea como fuere, estos hechos hablan de la historia de Ulara, la Llorona. Ella fue un personaje que cambiaría la historia de todo un mundo...
Lo que voy a contar sobre Ulara comienza mucho antes de su nacimiento, incluso antes de la llegada de los mortales al Mundo. Todo se remonta a la era en que los dioses habitaban en el mundo, cuando, tras su cruentas guerras, uno de ellos, uno de los más poderosos dioses, abandonó el mundo dejando en éste a sus siete hijos. Todo esto se cuenta en las epopeyas clásicas, según cuentan, Ulara sería uno de estos siete hijos de aquel poderoso Dios. Ella llegó al mundo con la forma de un demonio, como hicieron sus seis hermanos, con un fin premeditado, juntos debían arrasar el Mundo... De los siete demonios, los Resentidos los llamaban, Ulara fue la primera en nacer en el Mundo, mucho tiempo antes que los demás. Los calendarios anotarían más de dos mil quinientos años entre su nacimiento y el del resto de los Resentidos.
Como decíamos, Ulara fue uno de estos demonios que fueron invocados en el Mundo. Esto tuvo lugar durante la Batalla de Teth Nolin, una alta torre blanca que se yergue perdida en la inmensidad de un árido desierto donde siempre es de noche. En aquella batalla se vio inmiscuida una bonita muchacha llamada Siläe, y con ella, muchos otros que entrarían a formar parte de la historia en su cuento, el que lleva su nombre. Al parecer, una antigua leyenda de la época decía que sería traída al Mundo a la Llorona, y que sería ella precisamente quien la traería... Bajo aquellas estrellas de la eterna noche, escondida en el interior de la esbelta torre, nació Ulara. a partir de un sueño que tuvo aquella muchacha encerrada.
Desde aquel momento poco se supo de Ulara, hasta todo aquel tiempo después, cuando nacieron el resto de los Resentidos y comenzara la gran guerra, la llamada Guerra de la Roca, donde Ulara sería traicionada y derrotada. Uno de sus hermanos, el que lleva el nombre de Golöel, la traicionó enfrentándose a ella. Al ser derrotada y a punto de ser expulsada del Mundo, su hermano la personó, de manera que ya sin vida vago por el Mundo en la forma de un fantasma, del que dijeron, los que cuentan habérsela encontrado, que siempre lloraba... Ulara, la Llorona, permaneció en el Mundo ya hasta el fin de los tiempos, vagando perdida y desorientada. De ella dirían que estaba hecha de la tristeza pura de un Dios, y así quedó al final, sumida en su tristeza...
P.S. Este cuento sigue siendo para ti... Aunque llegue con más de dos años de retraso... va?
13 mayo, 2007
Primera Planta. 05.51 horas.
- ¿Tú qué piensas?- Le dijo el elfo.
- No lo sé...- Contestó el sin dejar de mirar a todos lados.
- Es que no tiene sentido. Piénsalo. ¿Dónde demonios estamos?
- Claro que lo pienso, Ïlandil. ¿Qué hace esta biblioteca aquí? Tanta sabiduría, tantos libros... No pensé que pudiera existir un lugar así... Es increíble.
- ¿Te preguntas qué hace esta biblioteca aquí?- El elfo suspiró por lo bajo.- Yo me pregunto dónde estamos realmente. No es la biblioteca, es todo este lugar. Esta torre, en medio de la nada. ¿Cómo iba a estar ella aquí? Y lo más importante...¿Por qué? ¿Quién la ha traído aquí?
Sofio lo miró, comprendiendo su pena. Ese elfo debía estar realmente enamorado de ella. La carta que encontraron en los aposentos de Siläe, sus encuentros, todo era cierto.- Ïlandil, ¿Os escribíais Siläe y tú?
- Sí.- Dijo él desviando la mirada.- Estábamos prometidos. Pero... Sabíamos que no debíamos, pero... Hay veces, Sofio, que no puedes decidir sobre ti mismo, ¿entiendes?- Sofio asintió.- Y mira hasta dónde he venido a buscarla... Comprendo que Gelghar no esté de acuerdo. Mi familia tampoco lo está, pero eso ahora no importa. Pienso encontrarla, donde esté, es que no importa nada más.
- Yo voy a ayudarte.- Dijo Sofio después de un momento.- Sé que ella está aquí. He visto este lugar en mis sueños....- El adivino le puso una mano en el hombro al elfo, apreciando lo alto que era.- Y vamos a encontrarla. Sé que vamos a encontrarla.
Entonces, a través de su mano, sintió al elfo estremecerse, y en ese momento, en otro lado de la gran estancia, se escuchó un gran ruido, miles de murmullos revoloteando...
02 abril, 2007
Primera Planta. 05.45 horas.
La elfa caminaba extremadamente despacio por el pasillo, apoyándose en su báculo, gracias al cual veía en aquella irremediable oscuridad. Trataba de no hacer una pizca de ruido, iba siguiéndolos, y no pensaba dejar que la descubrieran al acecho... No sabía cómo iba a reaccionar ese elfo, podía resultar muy peligroso, y su espada debía estar bien afilada. No, no iba a dejarlos que la descubrieran.
La Dama Negra llegó a la puerta que daba a la habitación anterior a donde estaban ellos. Podrían escucharla en cualquier momento, o dar la vuelta... Fue prudente, y quedó escuchando tras la puerta entornada. Escuchó alguna voz, un murmullo, y al poco, un muro moverse... ¿A dónde debía llevar el pasadizo que acababan de encontrar? La dama negra trató de recordar... Ella conocía aquella torre bien, demasiado bien... Tal vez podría llevar a la gran biblioteca de los aprendices. Cuántas horas pasó ella allí....
Ya no oía nada. Al cabo de un momento, empujó la perta despacio, y la insignificante luz de su báculo bañó la habitación rectangular y vacía. Ellos debían haber ido por la puerta que había frente a ella. Allí fue. Al otro lado, silencio. No había nadie, aunque... ¿Qué era ese ruido? Era como un barullo incesante, un fino sonido desesperado. Abrió la puerta.
Se encontró entonces en una pequeña habitación cuadrada, en cuyo centro, ocupándolo casi todo, una enorme jaula de donde provenía aquel barullo, ahora casi ensordecedor. Era impresionante. La jaula estaba completamente llena de mariposas, miles y miles, y todas revoloteaban como desesperadas. A su izquierda, el muro donde ello debían haber ido, pues no había otra salida. Y sí, allí estaba la gran biblioteca, y ellos en ella.
11 febrero, 2007
Primera planta. 05.39 horas.
- ¿Quiénes sois? Decidme.- Dijo el elfo muy serio, rápido y con ese acento particular. Miraba fijamente a Agenon, una mirada agresiva, como con cuatro ojos, los suyos, y sus espadas afiladas.
- Nos conocemos, Majestad.- Dijo Sofio desde atrás de Agenon. Venimos de Düredar...
La mirada del elfo, al escuchar ese nombre, cambio de repente. Sus músculos se relajaron, pero sólo por un segundo.
- ¿De Düredar? ¿Y qué hacéis aquí?
- Estamos buscando lo mismo que tú, Majestad.
Agenon, en eso, muy ágil, interpuso su espada a las dos adversarias y las desvió hacia la pared. El elfo, desprevenido, recibió un codazo y su cabeza chocó contra la pared del pasillo.
- Dime quién eres.- Dijo Agenon muy cerca de su rostro.
Aladär, por detrás acudió en seguida, apartando a Agenon, que se resitió.- Es el Príncipe Ïlandil, de Loth-Darien. Suéltalo.
Al obedecer Agenon, el elfo asintió, mirándolo muy fijamente.- Hola Aladär. Me alegro de verte aquí.- Pasó de largo a Agenon, entrando en la habitación.- ¿Qué hacéis en este remoto lugar?
- Venimos a por ella. Tiene que estar aquí.
- Hola Sofio...- Le respondió el elfo.- Sí, está aquí.
- Lo sé, nos lo ha dicho uno ahí abajo.
- ¿Ahí abajo? ¿Quién?
- No sabemos, estaba tras una puerta, encerrado en una celda.
El elfo pateó el suelo.
- Bueno, no importa. Siläe está aquí, y parece que estamos juntos en esto. ¿Sólo sois cuatro hombres?
- Sí... Los otros cayeron. Salimos diez de Düredar, y ya sólo quedamos cuatro. Él es Eledar y... Agenon, que ya lo conoces.
El elfo sonrió.- Hola a todos, me alegro de encontraros.- Miró tras de sí a Agenon, y le tendió una mano. Éste se la estrecho.
- Lo siento, Majestad. No sabía... Yo también me alegro de contar contigo en esto.
Memorias Olvidadas
Darka Treake
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22 enero, 2007
El Cuentacuentos: Al cerrar los ojos, despertó.
Era como una verde pradera, plagada de árboles, y por todos lados crecían hermosas florecillas. Ella estaba a la sombra, pero allá arriba lucía un sol... Un sol que no veía desde hacía meses...
Eso le hizo agitarse un poco, fue como un escalofrío, uno de esos espasmos que te dan cuando algo del sueño está a punto de hacerte despertar, pero que lo evitas, sin querer marcharte de él. De su tranquilidad...
El bosque que la rodeaba era muy hermoso, y sabía que ya antes había estado en él. No sabía dónde era, no tenía ni idea, pero lo conocía. Como un recuerdo de la infancia, una de esas cosas que cuando está pasando no te das cuenta, y crees que la olvidarás, pero luego resulta que no... Que de pronto un día te acuerdas, y revives todo. Como en ese momento le estaba pasando a Siläe.
Le vino un aroma con la brisa, y aspiró hondo, todo lo hondo que pudo, hasta hinchar los pulmones. Sí, ella ya había estado ahí. Ese bosque le era familiar. Ese olor... Tenía que ser suyo. Sí, tenía que ser de él. ¿Dónde estaría? Miró a su alrededor, pero no había nadie entre los árboles. Se puso de pie, pues hasta ahora estaba derrodillas, y se apoyó junto al tronco de un árbol muy grueso. Éste subía y subía sobre su cabeza a una altura increíble, donde abría su gran copa hacia el sol radiante...
Siläe lo miró ocultándose entre las ramas de allá arriba. Hacía tantísimo tiempo que no lo veía... ¿Por qué se sentía así, como si echase de menos al sol? De nuevo ese escalofrío...
Dio unos pocos pasos, hasta quedar ahí de pie, aun a la sombra, y continuó sin ver a nadie. Pobre Siläe, seguía sola, aunque... Ahora era libre. Ya no la tenían presa, ya no harían nada malo con ella... Y al darse cuenta echó a correr por el bosque, sorteando los árboles y saltando arbustos. Trató de no pisar ninguna de las florecillas, y corrió y corrió durante un buen rato. Hasta que se dio cuenta de que corría sola.
Entonces Siläe cayó de rodillas, y se apoyó con las manos sobre las hiervas del suelo. Estuvo apunto de llorar en ese momento, pero no lo hizo. No. Se levantó, y miró al cielo, y allí vio al sol, que ya no se ocultaba tras lo árboles. Qué brillante...
Siläe, al abrir los ojos, despertó. Todo estaba a oscuras. Seguía en aquella celda, sobre su cama roñosa, en lo alto de aquella maldita torre, en aquel lugar donde siempre era de noche.
Y estaba sola...
Más despertares en El Cuentacuentos.
21 enero, 2007
Planta baja. 05.33 horas.
Además, este capítulo doble lleva por nombre La Primera Planta.
Aquí os dejo un adelanto de esta primera parte:
Agenon, obedeciendo, agradecido al contradecir a Eledar, tomó los dos pomos y abrió con fuerza. Al otro lado había un tremendo salón, que debía hacer las veces de recibidor. Era enorme, y tan sólo tenía dos puertas, en la misma pared que por donde ellos entraban, una a cada lado... Él entró primero, tras él Aladär y Sofio, y cuando Eledar estaba entrando resignado en el salón, la puerta a su derecha se abrió de golpe. ¡Alguien aparecía!
La puerta golpeó la pared con fuerza al abrirse del todo, y corriendo entró un hobgoblin. El humanoide verde llevaba una espada extremadamente curva en una mano, mientras la otra la llevaba tapándose una herida, que chorreaba a borbotones. Casi sin querer ninguno, se vieron frente a frente el hobgoblin y Agenon, que desenfundó su espada muy rápido, mientras lo esquivaba. El hobgoblin corrió blandiendo su arma cruva, pero Agenon se apartó tan rápido, que lo pasó de largo. Los dos se detuvieron, y se miraron. Fue un segundo. O atacas tú, o ataco yo. Uno de los dos va a morir. Aquí y ahora.
Fue rápido, muy rápido. Los dos se lanzaron el uno a por el otro, y de la misma manera que antes, el hobgoblin lo pasó de largo al esquivarlo Agenon, sólo que en el ágil movimiento le había clavado la espada en el abdomen. Un corte profundo y certero, limpio.
Los dos se separaron otra vez. Todo quedó en silencio. Uno de espaldas al otro, con Aladär, Sofio y Eledar mirando, y al cabo de un segundo exacto, por la comisura del labio verdoso y asqueroso del hobgoblin cayó una gota de su sangre negra. Primero se arrodilló, luego el estruendo de su espada al caer, para después desplomarse en el suelo, muerto...
El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake
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16 enero, 2007
Juntos.
Juntos
El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake
10 enero, 2007
Décimo tercera planta. 05.32 horas.
Memorias Olvidadas
Darka Treake
04 enero, 2007
Catacumbas. 05.26 horas.
- Maldito Adar...
Sus palabras sonaron por la pequeña celda, con rabia, aunque, en su melodiosa lengua elfa, parecieron un susurro inaudible. El gran brujo debía haberla encerrado ahí. A saber dónde estaba... En alguna celda en algún lugar de la torre... Era de locos...
Se enderezó llevándose la mano a la cabeza. Le dolía. ¿Cuánto tiempo llevaría ahí? Todo a su alrededor, y no había nada. Se acarició la túnica y sintió levemente las manchas de sangre... Y al recordarlo, apartó las yemas de los dedos. Entonces se llevó la mano a los ojos, y los frotó, casi haciéndose daño. Tenía que ver... Sólo bastaba acostumbrarse a tal oscuridad. Con su vista nocturna, adaptada a la noche, podía ver perfectamente bajo la luz de las estrellas, pero ahí dentro... Le costaba más.
Se puso de pie, y desorientada, caminó despacio hasta la pared más cercana, y casi se cae cuando se encuentra con la puerta, cuyo barrotes cedieron al apoyarse. La celda estaba abierta...
Dio varios pasos, y sintió llegar a un pasillo. Sí, estaba en un pasillo. Era muy angosto, y corría en dos direcciones. La elfa estaba completamente desorientada, del todo. ¿Y ahora, hacia dónde iba a ir? Entonces escuchó el grito.
- ¿Creéis que podréis escapar con vida de aquí? ¿De verdad? Yo creo que estáis locos... Habéis entrado en el infierno. Como bien habéis dicho éste es el final del mundo. Donde todo termina...- Había sido una voz ahogada, a lo lejos. Un grito limpio y claro en la distancia de aquel laberinto.- Y no podréis hacer nada por evitarlo.- Terminó pasado un solo segundo.
02 enero, 2007
Planta baja. 05.19 horas.
- Otra vez, ¿no lo oís?- Volvió a decir.
Silencio.
- Sí, ahora yo lo he oído.- Agenon avanzó hasta una puerta, a su derecha.- Ha venido de aquí.- Se detuvo y escuchó. Ahora lo oía mejor. De dentro, como ahogados, provenían los gritos de un hombre, y los golpes que éste propinaba contra la madera de una puerta. O a eso sonaban desde ahí...
Todos se apelotonaron, con cuidado, a escuchar.
- ¿Qué hacemos?- Era Sofio.- ¿Entramos?
- Sí, entremos, es un hombre, y necesita ayuda.- Agenon habló en voz baja, pero mirándolos.- Más atrás hemos encontrado celdas, puede que continuaran y al otro lado sea una especie de prisión. Y si es alguien a quien esos hobgoblins han encerrado, yo pienso ayudarlo.
Los demás asintieron, desenfundando, y éste abrió la puerta.
Al otro lado no había nadie. Tan sólo una habitación vacía. No había nado salvo tres puertas, una a cada lado, adornadas por una arcada de entrada, y otra al frente, de madera y cerrada. Los gritos, que no habían cesado, provenían de la arcada de la izquierda, y sin dudar, Agenon se dirigió hacia allí. Conducía a un pasillo no muy largo, con dos puertas hechas de barrotes a cada lado, y otra al final, ésta de madera y también cerrada. Fueron avanzando hacia ella, a través del pasillo y observando las celdas a los lados vacías. Hasta que llegaron, en completo silencio por su parte, hasta la puerta.
Alguien había al otro lado, que estaba gritando desconsolado y dando golpes a la puerta, fuertes golpes. Ésta era de madera maciza y robusta, y no tenía pomo. Tan sólo tenía una cerradura que, a diferencia de las del resto, Agenon apreció un extraño símbolo. Aparecía dibujado en un relieve de la cerradura, y tomaba la forma de una especie de tridente deforme.
- ¿Qué hacemos ahora?- Dijo Sofio desde atrás, en voz baja.
- Saquémoslo.- Le respondió Eledar.
- Espera, ¿qué supondría sacarlo? Puede que esté loco...
- ¿Y eso te da miedo, Sofio?- Dijo Agenon, sonriendo.
- Puede también que sepa decirnos qué demonios hace esta torre aquí.- Aladär sentenció con eso, y Agenon, obedeciendo, empujó la puerta.
Al otro lado, sintiendo su presencia, aquel hombre se calló y dejó de dar golpes. El pasillo quedó en completo silencio.
* * *
A sus palabras, en silencio, los cuatro se pusieron en marcha, aunque la voz al otro lado de la puerta sonó fuerte.
- ¿Creéis que podréis escapar con vida de aquí? ¿De verdad? Yo creo que estáis locos... Habéis entrado en el infierno. Como bien habéis dicho éste es el final del mundo. Donde todo termina...- Calló un segundo, aunque no importó, los cuatro valientes ya se habían marchado de aquel pasillo con celdas.- Y no podréis hacer nada por evitarlo.
Extraído del capítulo X del Cuento de Siläe: La Llave de Leviassan.
Nota: Este capítulo en realidad comienza en la Segunda Planta, a las 05.14 horas, pero más tarde la narración llega hasta este momento, pedacito que he decidido dejaros aquí como adelanto.
Además, he añadido el final del capítulo, porque me encanta...
Espero que os guste.
Memorias Olvidadas
Darka Treake
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23 diciembre, 2006
Planta baja. 05.13 horas.
- ¿Estáis seguros de querer entrar aquí?- Dijo Eledar aun desde el umbral, a las puertas de ese oscuro pasillo abovedado.
- ¿Qué hacemos sino? ¿Esperar a que nos reciban?- Agenon habló desde el interior, sin siquiera mirarlo. Caminaba despacio, y era el que estaba más adentro, a la altura de la primera puerta, a la derecha.- Aquí no vive nadie...
Tras él iba Aladär, y después Sofio.
- Sí, es aquí.- Respondió el tercero, seguro de lo que decía.- Haya alguien o no, sé que es aquí.
Ninguno se atrevió a responderle, y Eledar, resignado, entró en la inmensa torre. El pasillo cada vez estaba más oscuro, tan sólo llevaban por luz una vela de las que habían encontrado en el caballo. Agenon se acercó a la puerta, para escuchar, pero no oyó nada. Los otros tres lo alcanzaron, y Aladär habló susurrando.
- A ver... Cuatro puertas. ¿Vamos a entrar por la primera? Aquella es más grande.- Esto último lo dijo señalando, aunque su dedo casi no se veía entre la penumbra.
- Yo probaría por esta... ¿Por qué no?- Agenon seguía a la escucha. Pero nada.
- Bien, pues abre, ¿o piensas llamar?- Dijo sonriendo Eledar.
Y Agenon, con desdén, lo miró muy serio y llevó la mano al pomo de la puerta, y la abrió de golpe. La madera chocó contra la pared de piedra, descubriendo otro pasillo, aunque más estrecho. Totalmente oscuro...
Agenon le quitó la vela a Aladär, y entró. Aun miraba fijamente a Eledar, desafiante. Una vez dentro, se iluminó pronto, no era más que un pasillo de unos cinco metros que, de nuevo acababa en otra puerta. Aunque éste, a cada lado, tenía dos entradas, hechas de barrotes de acero. Eran celdas... Cada puerta tenía una buena cerradura que impedía su paso.
Agenon, sin mirar a sus compañeros, avanzó hacia la puerta de salida, al otro lado, echando un vistazo en cada celda. Estaban vacías.
Al llegar a la otra puerta, paró a escuchar. Silencio...
- ¿Estáis listos? No sabemos qué nos podemos encontrar al otro lado...-Su voz sonó baja, pero firme.
- Lo estamos.- Respondió Aladär, y a esas dos palabras le acompañaron el lento chirriar de las espadas al desenvainarse. Agenon abrió la puerta, con espada en mano, y al ver lo que había en aquella habitación, se detuvo en seco, sin dejar pasar a los demás...
Memorias Olvidadas
Darka Treake
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20 diciembre, 2006
La criatura grotesca y rosa
El tremendo orco quedó agachado y escuchando tras la puerta, a la espera. Su gran equipo de batalla tintineaba con el chocar de las placas y armas, y sobre su brazo, un diminuto demonio de color rosa, de una forma grotesca y colmillos afilados, se mantenía muy quieto...
- Sí, maestro. Todo bien, como siempre. Ya lo tiene.- La voz gutural del orco sonó grotesca en los aposentos del brujo, y sintió como la criatura rosa que se le agarraba al brazo se estremecía. Hasta ella le tenía miedo...
L’Caor asintió, y caminó hacia atrás hasta llegar a la puerta. La abrió, y salió de aquellos aposentos, a donde odiaba ir. Ya más aliviado, se ajustó su tremenda espada al cinto, y acarició a esa bestia diminuta que le rodeaba el brazo. Entonces, bajó las escaleras, hacia el nivel inferior...
El capítulo VIII del Cuento de Siläe, El tremendo orco, ha cambiado. Con ello, comienzo el Glosario de personajes, con éste mismo, con L'Caor, hablándoos de él y de esa criatura grotesca y de color rosa...
Podéis verlo aquí: Glosario de personajes del Cuento de Siläe.
Además, quería añadir algo, que por otro lado, no tiene nada que ver.
¿Quién se acuerda de aquella serie de dubujos, Transfomers?
Eran vehículos que se transformaban en robots, ¿Sí?
Pues en abril llega la película.
Para más información, aquí: Trasnformers.
17 diciembre, 2006
Glosario de personajes del Cuento de Siläe.
He aquí el Glosario de personajes del Cuento de Siläe.
En el se os hablará a cerca de todos los personajes del cuento.
De momento, tan sólo os nombraré aquellos que ya han aparecido en la historia...
Gelghar, el padre de Siläe.
Elëda, la madre de Siläe.
Aladär, el primer oficial de Gelghar. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Sofio, el adivino y amigo de Gelghar. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Uüran, el que muerde. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Iente, el Hilite. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Assan, el que pasó su última noche en la ciudad festejando que se marchaba... Uno de los diez más valientes de Düredar.
Ërathar, el pretendiente de Siläe. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Ëlar, el abuelo de Eledar.
Eledar, uno de los diez más valientes de Düredar.
Agenon, el traidor. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Lagar, el Señor de los Üdos. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Gledor, el preso liberado. Uno de los diez más valientes de Düredar.
La dama negra.
Fillan, el cuidador del bosque de Benelia, Loth-Darien.
La Reina del bosque de Loth-Darien.
Ïlandir, Príncipe de Loth-Darien.
Azarus, gran brujo de Teth Nolin.
Miär, el loco. Uno de los aprendices de Azarus, gran brujo de Teth Nolin.
L'Caor, es un tremendo orco que sirve al Gran Brujo de Teth Nolin, es, de hecho, su primer oficial. Es un orco negro muy corpulento, que sobrepasa la talla normal para un orco, incluso para los de su especie. Por ello, es temido por todos, y está al mando del ejército. Con él siempre va una criatura horrenda. Un pequeño demonio que siempre lleva encadenado a su muñeca izquierda. Es un ser malévolo y horripilante, que siempre tiene ansias de matar y devorar. Es totalmente sumiso a L'Caor, y le ayuda en el combate, pues es un fiero guerrero. El pequeño demonio es rosa y grotesco, bien feo y con los dientes afilados. Fue un regalo de Azarus, su maestro.
Leviassan, Gran Jefe hobgoblin de Teth Nolin. Tiene la Llave de su propia celda.
Scropolo, el necrófago, el enviado de Ssuhl, el Dios Muerto. Un invitado de Azarus al acontecimiento.
Siläe, la doncella de Düredar...
A cerca del Cuento de Siläe, también puedes ver:
- El Cuento de Siläe.
- Breves notas del autor...
- Las Guerras de la Luna. Para situarlo en los acontecimientos del tiempo.
- Novedades. Donde os voy mostrando las novedades del cuento.
Breves notas del autor...
Este glosario estará incluso en el mismo cuento el día lejano en que tome su forma en papel. Será un apéndice al final del cuento.
Ya he hablado de algunos, y con ellos empezaré este glosario. Pero iré añadiendo más a medida que vayan apareciendo, de manera que iré modificando ese post. Podréis ver que ha sido actualizado en la fecha que aparecerá junto a su link, en el índice de vuestra derecha.
Me temo que con este glosario de personajes corremos el riesgo de revelaros información acerca de los personajes antes de que debáis saberla por la historia. Lo siento. En realidad, este glosario sirve de apoyo a la historia, como digo estaría al final del cuento, así el lector podría consultarlo cuando quisiese, aun corriendo este riesgo...
De momento comenzaré con los personajes de los que ya os he hablado, pero hay muchos más, que aun no concéis. Todos aquellos que los cuatro más valientes de Düredar se encontrarán en su búsqueda de Siläe, que ya los ha llevado a la Torre de Teth Nolin... Todos ellos están aun en mi cabeza o en mis notas, pero pronto irán surgiendo...
Además, me gustaría añadir aquí, que este cuento va a ser contado en tiempo real. La Primera Parte ya está escrita, y ahora estoy con la Segunda. Desde la llegada de los más valientes de Düredar a la Torre de Teht Nolin en adelante, será contado indicando el lugar y el momento precisos cuando comienza la escena. Para que se entienda bien, el capítulo VIII, El tremendo orco, comienza en la décimo cuarta planta, a las 04.58 horas.
En cuanto al tiempo, nunca se llegó a saber con exactitud cuando transcurrió este cuento. Se situa la llegada de esos cuatro valientes a Teth Nolin en algún momento del año -1253.
Siendo así, os lo contaré todo, como ocurrió, indicando la hora que era en ese momento, como ese capítulo, a las 04.58.
Lo de indicaros la hora es sólo una manera de guiarnos, y situarnos en el tiempo. Teniendo en cuenta eso, el lector debe saber que la Torre de Teth Nolin está en los Páramos de las Estrellas, el extenso desierto en que siempre es de noche.
Sí, durante todo el cuento, es de noche.
Imaginémosnos allí, explorando una torre perdida en el desierto, completamente a oscuras las 24 horas del día.
Era una torre sin ventanas... ¡Ahí dentro no podían ver nada!
Bueno, hasta aquí un poco de explicación del cuento.
A continuación, os presento algunos enlaces sobre el Cuento de Siläe:
- Glosario de personajes del Cuento de Siläe.
- El Cuento de Siläe.
- Las Guerras de la Luna. Para situarlo en los acontecimientos del tiempo.
- Novedades. Donde os voy mostrando las novedades del cuento.
13 diciembre, 2006
Décimo cuarta planta. 04.58 horas.
Una vez abajo, en la estancia inferior, anduvo despacio hasta el anciano que se sentaba a una mesa al otro lado de la habitación. Ésta era semicircular, y estaba iluminada por un precioso candelabro, sobre el escritorio del viejo. El orco llegaba por detrás y el viejo estaba con la cabeza apoyada en la mesa, sobre sus brazos y la máscara. Desde donde él lo miraba, alcanzaba a ver unos cuernos que le sobresalían hacía la espalda. Debían proceder de alguna cabra, pues eran retorcidos y puntiagudos, naciendo ahora en su máscara. El tremendo orco nunca se había atrevido a preguntarle a su maestro por aquellos cuernos, siempre se quedaría con la duda.
Al llegar hasta él, se detuvo a escasa distancia, y el viejo se enderezó. No lo miró, a pesar de que llevaba la máscara puesta, y bajo ella habló con su voz sorda.
- L’Caor, ¿Cómo ha ido? Has tardado.
- Sí, maestro. Todo bien, como siempre. Ya lo tiene.- La voz gutural del orco sonó grotesca en los aposentos del brujo.
- Bien... Entonces, ahora, ya sabes lo que tienes que hacer.
- Sí, maestro.
- Baja a ver qué está ocurriendo. No quiero complicaciones ahora. Estamos muy cerca de conseguirlo, y no vas a dejar que nada lo impida.
El orco bajó la mirada al suelo, tan sólo por un segundo, y volvió a mirar a su maestro, que se estaba girando. Su silla sonó al moverse, y se detuvo ante el ruido, para evitarlo. Tras esa máscara, ahora ya le miraba.
- Quiero que bajes hasta el nivel más inferior, y que averigües qué es lo que pasa. Quiero que te cerciores de que no hay nada extraño en ninguno de los pisos de la torre.
- Sí, maestro.
- Y si es ella otra vez... No vuelvas a tener piedad. No la escuches, mátala en cuánto la veas.
Por la emoción contenida, esta vez el tremendo orco no se atrevió a responder, ni siquiera con un “sí, maestro”. Haría lo que le pedía. Él mismo estaba deseando matar a esa bruja condenada.
- Entonces ve,- Dijo el viejo tras aquella máscara grotesca.- y vuelve con buenas noticias.
L’Caor asintió, y caminó hacia atrás hasta llegar a la puerta. La abrió, y salió de aquellos aposentos, a donde odiaba ir. Ya más aliviado, se ajustó su tremenda espada al cinto, y bajó las escaleras, hacia el nivel inferior...
Capítulo VIII del Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake
06 marzo, 2010
La Dama Negra
11 noviembre, 2007
Primera planta. 06.11 horas.
La Dama Negra avanzaba pegada a la pared, tratando de ocultarse en el umbral de la única puerta que tenía el pasillo. Iba siguiendo a los valientes de Düredar y al elfo, que caminaban en grupo unos cuantos pasos por delante suyo. A través del corredor, podía ver perfectamente la lucecilla de ese incordio de hada que siempre acompañaba al elfo. Daba vueltas alrededor de todos ellos, yendo y viniendo, adelante, a iluminar la cabeza, y atrás, donde estaba el elfo. Ese elfo... El heredero de una de las grandes Estirpes de los Elfos, y estaba ahí, jugándose la vida, arriesgando trono y nombre por salvar a esa chica. Era incomprensible para ella. Hasta los príncipes elfos son manipulables cuando se enamoran... Sonrió, y se asomó desde el umbral. El grupo de salvadores, los muy ineptos, giraban la esquina, el corredor seguía a la izquierda.
Cuando el último de ellos, el elfo, había girado la esquina, ella caminó silenciosamente hasta ella. Creyó haberse precipitado, tal vez, cuando escuchó su voz, con ese acento élfico que tanto le asqueaba.
- Parad. He oído algo ahí atrás.
Lo dijo en voz baja, y los pasos cesaron. Ella intuitivamente, ordenó a su bastón que dejara de emitir esa luz que sólo ella veía, que se apagó. Y de pronto, frente a sí, apareció el hada del elfo, que giró la esquina y se le plantó en la cara. La elfa, al ver que estaba a punto de ponerse a chillar, asquerosa voz de pito, la atrapó entre sus manos con agilidad, y guardó completo silencio.
Entonces no vio nada, nada en absoluto, pero le escuchó acercarse. Permaneció completamente quieta, pero el elfo estaba ahí. Podía sentirle. Debían estar cara a cara, a escasos palmos de distancia. No respiró, no se movió un ápice...
- Lya, vámonos.- El elfo habló y la Dama Negra se estremeció. Le tenía justo enfrente. Entonces él se debió dar la vuelta y alejarse, derecho al grupo.- No ha debido ser nada...- Dijo, y reanudaron la marcha.
Si esa elfa era capaz de poseer corazón, le estaba palpitando frenético, a toda velocidad. Tardó un segundo en reaccionar, y entonces cayó en el cosquilleo entre sus manos. Abrió las palmas, y el hada salió revoloteando e iluminándolo todo. Salió espantada, girando la esquina hacia su amo.
Entonces la elfa desapareció. No sé si por arte de magia o es que veloz se deslizó por el pasillo, en todo caso, se escabulló.
El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake
07 noviembre, 2007
Primera planta. 06.08 horas.
- Parad. He oído algo ahí atrás.
Todos pararon, y Lya, el hada del príncipe elfo, revoloteó brillando hacia la esquina, a escasos pasos de su amo. Al girarla desapareció.
El elfo corrió hasta allí, hasta la esquina, y no vio nada. El pasillo por donde habían venido estaba en completa oscuridad, y Lya había desaparecido. Se quedó muy quieto, intentando escrutar el negro interminable, pero no alcanzó a verla. ¿Dónde se habría metido? Tuvo el impulso de mover el brazo hacia adelante, pero se sintió ridículo al no esperar tocar nada y no ver nada.
En seguida, se dio la vuelta diciendo:- Lya, vámonos.- y se dirigió mirando a su espalda hacia los demás.- No ha debido ser nada...- Dijo, y reanudaron la marcha.
Al momento, apareció Lya de la esquina, despedida hacia Ïlandil, que se detuvo en seco. El hada venía revoloteando histérica, como loca, comenzó a dar vueltas alrededor de la cabeza del elfo, que trató de calmarla. Interpuso una mano en su trayectoria, y la pequeña, al chocarse, cayó sobre la otra.
- ¿Qué ha ocurrido, pequeña?- Dijo, tierno y preocupado, a la vez.
Lya le susurró algo que los hombres de Düredar no escucharon, pero que debió alertar al elfo, que saltó hacia la esquina, y se perdió tras ella. No llegó lejos, sólo unos metros, porque no había nada. El hada lo alcanzó, y voló sobre él, pero no vio nada con su luz. El pasillo, hasta donde alcanzaba su vista, estaba vacío por completo...
29 octubre, 2007
Décimo tercera planta. 06.28 horas.
- Adelante.- Al abrirse la puerta, apareció el tremendo orco. Se le veía fatigado al subir la escalera de caracol.
- Maestro, ha llegado el Legado de Ssuhl, el Dios Muerto. Es un necrófago... Se hace llamar Scróplo. Y está sólo.- Puntualizó.
- Muy bien.- Contestó el brujo bajo su máscara grotesca.- Recíbele tú,- Añadió mirando al demonio que llevaba encadenado el orco al brazo.- y causa buena impresión, que te conozco... Asegurate que le llevan a su aposentos. Y quiero a cuatro de tus mejores guerreros pegado a él desde que salga de ellos hasta que vuelva entrar.
- Sí, Maestro.- Y asintió muy serio.
- Dile que descanse tras el viaje. Dile que aun faltan invitados por llegar, así que puede tomarse su tiempo... Yo me echaré un rato, necesito descansar también. Tomar fuerzas... Se acerca el gran momento, y esto debe salir bien.- Calló un segundo.- Quiero que estés pendiente de todo. No quiero que nada salga mal.
- Sí, Maestro.- Su gutural voz ya se perdía en la escalera de caracol, cuando el gran brujo habló.
- L’Caor, obsérvalo. Quiero saber cómo es. No a menudo se recibe al emisario de un Gran Dios...
25 octubre, 2007
Afueras de Teth Nolin. 06.07 horas.
A lo lejos, hacia el sureste, se observó una nube de polvo que avanzaba hacia la torre, levantada por los cascos de algún animal de tiro que corría a toda prisa. Un tremendo carro negro, tirado por dos caballos enormes, cruzaba el desierto, apurado, sabiendo que casi llegaba tarde a la cita. Nada más, un carro solitario del que colgaban bailando al viento unas cortinas oscuras como la misma noche, de la más fina seda, impenetrables. Al galope, era muy majestuoso, pero el cochero, vestido con una túnica y sin rostro, le daba a la imagen un aspecto tenebroso, fantasmagórico.
Tantas millas había recorrido el carro tirado por los grandes caballos, sin descanso en su premura, por no faltar al evento... Una vez cruzadas las Montañas del Anochecer, el cochero había seguido la luz centelleante que desprendía la torre. Teth Nolin, la guarida de la Llorona... La profecía podría ser cierta.
El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake
24 septiembre, 2007
. Ulara, la Llorona .
Muchas son las cosas que se oyen por ahí, las malas lenguas y los susurros en la oscuridad. La mayoría son habladurías, cuentos para asustar, así los llaman. Pero otras no. Otras podrían ser hechos ocurridos aunque ya olvidados en la historia... Lo que aquí se cuenta, lo que se va a narrar, puede ser interpretado como sólo un cuento popular más, o puede ser que todo lo que cuenta en realidad ocurriera. Sea como fuere, estos hechos hablan de la historia de Ulara, la Llorona. Ella fue un personaje que cambiaría la historia de todo un mundo...
Lo que voy a contar sobre Ulara comienza mucho antes de su nacimiento, incluso antes de la llegada de los mortales al Mundo. Todo se remonta a la era en que los dioses habitaban en el mundo, cuando, tras su cruentas guerras, uno de ellos, uno de los más poderosos dioses, abandonó el mundo dejando en éste a sus siete hijos. Todo esto se cuenta en las epopeyas clásicas, según cuentan, Ulara sería uno de estos siete hijos de aquel poderoso Dios. Ella llegó al mundo con la forma de un demonio, como hicieron sus seis hermanos, con un fin premeditado, juntos debían arrasar el Mundo... De los siete demonios, los Resentidos los llamaban, Ulara fue la primera en nacer en el Mundo, mucho tiempo antes que los demás. Los calendarios anotarían más de dos mil quinientos años entre su nacimiento y el del resto de los Resentidos.
Como decíamos, Ulara fue uno de estos demonios que fueron invocados en el Mundo. Esto tuvo lugar durante la Batalla de Teth Nolin, una alta torre blanca que se yergue perdida en la inmensidad de un árido desierto donde siempre es de noche. En aquella batalla se vio inmiscuida una bonita muchacha llamada Siläe, y con ella, muchos otros que entrarían a formar parte de la historia en su cuento, el que lleva su nombre. Al parecer, una antigua leyenda de la época decía que sería traída al Mundo a la Llorona, y que sería ella precisamente quien la traería... Bajo aquellas estrellas de la eterna noche, escondida en el interior de la esbelta torre, nació Ulara. a partir de un sueño que tuvo aquella muchacha encerrada.
Desde aquel momento poco se supo de Ulara, hasta todo aquel tiempo después, cuando nacieron el resto de los Resentidos y comenzara la gran guerra, la llamada Guerra de la Roca, donde Ulara sería traicionada y derrotada. Uno de sus hermanos, el que lleva el nombre de Golöel, la traicionó enfrentándose a ella. Al ser derrotada y a punto de ser expulsada del Mundo, su hermano la personó, de manera que ya sin vida vago por el Mundo en la forma de un fantasma, del que dijeron, los que cuentan habérsela encontrado, que siempre lloraba... Ulara, la Llorona, permaneció en el Mundo ya hasta el fin de los tiempos, vagando perdida y desorientada. De ella dirían que estaba hecha de la tristeza pura de un Dios, y así quedó al final, sumida en su tristeza...
P.S. Este cuento sigue siendo para ti... Aunque llegue con más de dos años de retraso... va?
13 mayo, 2007
Primera Planta. 05.51 horas.
- ¿Tú qué piensas?- Le dijo el elfo.
- No lo sé...- Contestó el sin dejar de mirar a todos lados.
- Es que no tiene sentido. Piénsalo. ¿Dónde demonios estamos?
- Claro que lo pienso, Ïlandil. ¿Qué hace esta biblioteca aquí? Tanta sabiduría, tantos libros... No pensé que pudiera existir un lugar así... Es increíble.
- ¿Te preguntas qué hace esta biblioteca aquí?- El elfo suspiró por lo bajo.- Yo me pregunto dónde estamos realmente. No es la biblioteca, es todo este lugar. Esta torre, en medio de la nada. ¿Cómo iba a estar ella aquí? Y lo más importante...¿Por qué? ¿Quién la ha traído aquí?
Sofio lo miró, comprendiendo su pena. Ese elfo debía estar realmente enamorado de ella. La carta que encontraron en los aposentos de Siläe, sus encuentros, todo era cierto.- Ïlandil, ¿Os escribíais Siläe y tú?
- Sí.- Dijo él desviando la mirada.- Estábamos prometidos. Pero... Sabíamos que no debíamos, pero... Hay veces, Sofio, que no puedes decidir sobre ti mismo, ¿entiendes?- Sofio asintió.- Y mira hasta dónde he venido a buscarla... Comprendo que Gelghar no esté de acuerdo. Mi familia tampoco lo está, pero eso ahora no importa. Pienso encontrarla, donde esté, es que no importa nada más.
- Yo voy a ayudarte.- Dijo Sofio después de un momento.- Sé que ella está aquí. He visto este lugar en mis sueños....- El adivino le puso una mano en el hombro al elfo, apreciando lo alto que era.- Y vamos a encontrarla. Sé que vamos a encontrarla.
Entonces, a través de su mano, sintió al elfo estremecerse, y en ese momento, en otro lado de la gran estancia, se escuchó un gran ruido, miles de murmullos revoloteando...
02 abril, 2007
Primera Planta. 05.45 horas.
La elfa caminaba extremadamente despacio por el pasillo, apoyándose en su báculo, gracias al cual veía en aquella irremediable oscuridad. Trataba de no hacer una pizca de ruido, iba siguiéndolos, y no pensaba dejar que la descubrieran al acecho... No sabía cómo iba a reaccionar ese elfo, podía resultar muy peligroso, y su espada debía estar bien afilada. No, no iba a dejarlos que la descubrieran.
La Dama Negra llegó a la puerta que daba a la habitación anterior a donde estaban ellos. Podrían escucharla en cualquier momento, o dar la vuelta... Fue prudente, y quedó escuchando tras la puerta entornada. Escuchó alguna voz, un murmullo, y al poco, un muro moverse... ¿A dónde debía llevar el pasadizo que acababan de encontrar? La dama negra trató de recordar... Ella conocía aquella torre bien, demasiado bien... Tal vez podría llevar a la gran biblioteca de los aprendices. Cuántas horas pasó ella allí....
Ya no oía nada. Al cabo de un momento, empujó la perta despacio, y la insignificante luz de su báculo bañó la habitación rectangular y vacía. Ellos debían haber ido por la puerta que había frente a ella. Allí fue. Al otro lado, silencio. No había nadie, aunque... ¿Qué era ese ruido? Era como un barullo incesante, un fino sonido desesperado. Abrió la puerta.
Se encontró entonces en una pequeña habitación cuadrada, en cuyo centro, ocupándolo casi todo, una enorme jaula de donde provenía aquel barullo, ahora casi ensordecedor. Era impresionante. La jaula estaba completamente llena de mariposas, miles y miles, y todas revoloteaban como desesperadas. A su izquierda, el muro donde ello debían haber ido, pues no había otra salida. Y sí, allí estaba la gran biblioteca, y ellos en ella.
11 febrero, 2007
Primera planta. 05.39 horas.
- ¿Quiénes sois? Decidme.- Dijo el elfo muy serio, rápido y con ese acento particular. Miraba fijamente a Agenon, una mirada agresiva, como con cuatro ojos, los suyos, y sus espadas afiladas.
- Nos conocemos, Majestad.- Dijo Sofio desde atrás de Agenon. Venimos de Düredar...
La mirada del elfo, al escuchar ese nombre, cambio de repente. Sus músculos se relajaron, pero sólo por un segundo.
- ¿De Düredar? ¿Y qué hacéis aquí?
- Estamos buscando lo mismo que tú, Majestad.
Agenon, en eso, muy ágil, interpuso su espada a las dos adversarias y las desvió hacia la pared. El elfo, desprevenido, recibió un codazo y su cabeza chocó contra la pared del pasillo.
- Dime quién eres.- Dijo Agenon muy cerca de su rostro.
Aladär, por detrás acudió en seguida, apartando a Agenon, que se resitió.- Es el Príncipe Ïlandil, de Loth-Darien. Suéltalo.
Al obedecer Agenon, el elfo asintió, mirándolo muy fijamente.- Hola Aladär. Me alegro de verte aquí.- Pasó de largo a Agenon, entrando en la habitación.- ¿Qué hacéis en este remoto lugar?
- Venimos a por ella. Tiene que estar aquí.
- Hola Sofio...- Le respondió el elfo.- Sí, está aquí.
- Lo sé, nos lo ha dicho uno ahí abajo.
- ¿Ahí abajo? ¿Quién?
- No sabemos, estaba tras una puerta, encerrado en una celda.
El elfo pateó el suelo.
- Bueno, no importa. Siläe está aquí, y parece que estamos juntos en esto. ¿Sólo sois cuatro hombres?
- Sí... Los otros cayeron. Salimos diez de Düredar, y ya sólo quedamos cuatro. Él es Eledar y... Agenon, que ya lo conoces.
El elfo sonrió.- Hola a todos, me alegro de encontraros.- Miró tras de sí a Agenon, y le tendió una mano. Éste se la estrecho.
- Lo siento, Majestad. No sabía... Yo también me alegro de contar contigo en esto.
Memorias Olvidadas
Darka Treake
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22 enero, 2007
El Cuentacuentos: Al cerrar los ojos, despertó.
Era como una verde pradera, plagada de árboles, y por todos lados crecían hermosas florecillas. Ella estaba a la sombra, pero allá arriba lucía un sol... Un sol que no veía desde hacía meses...
Eso le hizo agitarse un poco, fue como un escalofrío, uno de esos espasmos que te dan cuando algo del sueño está a punto de hacerte despertar, pero que lo evitas, sin querer marcharte de él. De su tranquilidad...
El bosque que la rodeaba era muy hermoso, y sabía que ya antes había estado en él. No sabía dónde era, no tenía ni idea, pero lo conocía. Como un recuerdo de la infancia, una de esas cosas que cuando está pasando no te das cuenta, y crees que la olvidarás, pero luego resulta que no... Que de pronto un día te acuerdas, y revives todo. Como en ese momento le estaba pasando a Siläe.
Le vino un aroma con la brisa, y aspiró hondo, todo lo hondo que pudo, hasta hinchar los pulmones. Sí, ella ya había estado ahí. Ese bosque le era familiar. Ese olor... Tenía que ser suyo. Sí, tenía que ser de él. ¿Dónde estaría? Miró a su alrededor, pero no había nadie entre los árboles. Se puso de pie, pues hasta ahora estaba derrodillas, y se apoyó junto al tronco de un árbol muy grueso. Éste subía y subía sobre su cabeza a una altura increíble, donde abría su gran copa hacia el sol radiante...
Siläe lo miró ocultándose entre las ramas de allá arriba. Hacía tantísimo tiempo que no lo veía... ¿Por qué se sentía así, como si echase de menos al sol? De nuevo ese escalofrío...
Dio unos pocos pasos, hasta quedar ahí de pie, aun a la sombra, y continuó sin ver a nadie. Pobre Siläe, seguía sola, aunque... Ahora era libre. Ya no la tenían presa, ya no harían nada malo con ella... Y al darse cuenta echó a correr por el bosque, sorteando los árboles y saltando arbustos. Trató de no pisar ninguna de las florecillas, y corrió y corrió durante un buen rato. Hasta que se dio cuenta de que corría sola.
Entonces Siläe cayó de rodillas, y se apoyó con las manos sobre las hiervas del suelo. Estuvo apunto de llorar en ese momento, pero no lo hizo. No. Se levantó, y miró al cielo, y allí vio al sol, que ya no se ocultaba tras lo árboles. Qué brillante...
Siläe, al abrir los ojos, despertó. Todo estaba a oscuras. Seguía en aquella celda, sobre su cama roñosa, en lo alto de aquella maldita torre, en aquel lugar donde siempre era de noche.
Y estaba sola...
Más despertares en El Cuentacuentos.
21 enero, 2007
Planta baja. 05.33 horas.
Además, este capítulo doble lleva por nombre La Primera Planta.
Aquí os dejo un adelanto de esta primera parte:
Agenon, obedeciendo, agradecido al contradecir a Eledar, tomó los dos pomos y abrió con fuerza. Al otro lado había un tremendo salón, que debía hacer las veces de recibidor. Era enorme, y tan sólo tenía dos puertas, en la misma pared que por donde ellos entraban, una a cada lado... Él entró primero, tras él Aladär y Sofio, y cuando Eledar estaba entrando resignado en el salón, la puerta a su derecha se abrió de golpe. ¡Alguien aparecía!
La puerta golpeó la pared con fuerza al abrirse del todo, y corriendo entró un hobgoblin. El humanoide verde llevaba una espada extremadamente curva en una mano, mientras la otra la llevaba tapándose una herida, que chorreaba a borbotones. Casi sin querer ninguno, se vieron frente a frente el hobgoblin y Agenon, que desenfundó su espada muy rápido, mientras lo esquivaba. El hobgoblin corrió blandiendo su arma cruva, pero Agenon se apartó tan rápido, que lo pasó de largo. Los dos se detuvieron, y se miraron. Fue un segundo. O atacas tú, o ataco yo. Uno de los dos va a morir. Aquí y ahora.
Fue rápido, muy rápido. Los dos se lanzaron el uno a por el otro, y de la misma manera que antes, el hobgoblin lo pasó de largo al esquivarlo Agenon, sólo que en el ágil movimiento le había clavado la espada en el abdomen. Un corte profundo y certero, limpio.
Los dos se separaron otra vez. Todo quedó en silencio. Uno de espaldas al otro, con Aladär, Sofio y Eledar mirando, y al cabo de un segundo exacto, por la comisura del labio verdoso y asqueroso del hobgoblin cayó una gota de su sangre negra. Primero se arrodilló, luego el estruendo de su espada al caer, para después desplomarse en el suelo, muerto...
El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake
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16 enero, 2007
Juntos.
Juntos
El Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake
10 enero, 2007
Décimo tercera planta. 05.32 horas.
Memorias Olvidadas
Darka Treake
04 enero, 2007
Catacumbas. 05.26 horas.
- Maldito Adar...
Sus palabras sonaron por la pequeña celda, con rabia, aunque, en su melodiosa lengua elfa, parecieron un susurro inaudible. El gran brujo debía haberla encerrado ahí. A saber dónde estaba... En alguna celda en algún lugar de la torre... Era de locos...
Se enderezó llevándose la mano a la cabeza. Le dolía. ¿Cuánto tiempo llevaría ahí? Todo a su alrededor, y no había nada. Se acarició la túnica y sintió levemente las manchas de sangre... Y al recordarlo, apartó las yemas de los dedos. Entonces se llevó la mano a los ojos, y los frotó, casi haciéndose daño. Tenía que ver... Sólo bastaba acostumbrarse a tal oscuridad. Con su vista nocturna, adaptada a la noche, podía ver perfectamente bajo la luz de las estrellas, pero ahí dentro... Le costaba más.
Se puso de pie, y desorientada, caminó despacio hasta la pared más cercana, y casi se cae cuando se encuentra con la puerta, cuyo barrotes cedieron al apoyarse. La celda estaba abierta...
Dio varios pasos, y sintió llegar a un pasillo. Sí, estaba en un pasillo. Era muy angosto, y corría en dos direcciones. La elfa estaba completamente desorientada, del todo. ¿Y ahora, hacia dónde iba a ir? Entonces escuchó el grito.
- ¿Creéis que podréis escapar con vida de aquí? ¿De verdad? Yo creo que estáis locos... Habéis entrado en el infierno. Como bien habéis dicho éste es el final del mundo. Donde todo termina...- Había sido una voz ahogada, a lo lejos. Un grito limpio y claro en la distancia de aquel laberinto.- Y no podréis hacer nada por evitarlo.- Terminó pasado un solo segundo.
02 enero, 2007
Planta baja. 05.19 horas.
- Otra vez, ¿no lo oís?- Volvió a decir.
Silencio.
- Sí, ahora yo lo he oído.- Agenon avanzó hasta una puerta, a su derecha.- Ha venido de aquí.- Se detuvo y escuchó. Ahora lo oía mejor. De dentro, como ahogados, provenían los gritos de un hombre, y los golpes que éste propinaba contra la madera de una puerta. O a eso sonaban desde ahí...
Todos se apelotonaron, con cuidado, a escuchar.
- ¿Qué hacemos?- Era Sofio.- ¿Entramos?
- Sí, entremos, es un hombre, y necesita ayuda.- Agenon habló en voz baja, pero mirándolos.- Más atrás hemos encontrado celdas, puede que continuaran y al otro lado sea una especie de prisión. Y si es alguien a quien esos hobgoblins han encerrado, yo pienso ayudarlo.
Los demás asintieron, desenfundando, y éste abrió la puerta.
Al otro lado no había nadie. Tan sólo una habitación vacía. No había nado salvo tres puertas, una a cada lado, adornadas por una arcada de entrada, y otra al frente, de madera y cerrada. Los gritos, que no habían cesado, provenían de la arcada de la izquierda, y sin dudar, Agenon se dirigió hacia allí. Conducía a un pasillo no muy largo, con dos puertas hechas de barrotes a cada lado, y otra al final, ésta de madera y también cerrada. Fueron avanzando hacia ella, a través del pasillo y observando las celdas a los lados vacías. Hasta que llegaron, en completo silencio por su parte, hasta la puerta.
Alguien había al otro lado, que estaba gritando desconsolado y dando golpes a la puerta, fuertes golpes. Ésta era de madera maciza y robusta, y no tenía pomo. Tan sólo tenía una cerradura que, a diferencia de las del resto, Agenon apreció un extraño símbolo. Aparecía dibujado en un relieve de la cerradura, y tomaba la forma de una especie de tridente deforme.
- ¿Qué hacemos ahora?- Dijo Sofio desde atrás, en voz baja.
- Saquémoslo.- Le respondió Eledar.
- Espera, ¿qué supondría sacarlo? Puede que esté loco...
- ¿Y eso te da miedo, Sofio?- Dijo Agenon, sonriendo.
- Puede también que sepa decirnos qué demonios hace esta torre aquí.- Aladär sentenció con eso, y Agenon, obedeciendo, empujó la puerta.
Al otro lado, sintiendo su presencia, aquel hombre se calló y dejó de dar golpes. El pasillo quedó en completo silencio.
* * *
A sus palabras, en silencio, los cuatro se pusieron en marcha, aunque la voz al otro lado de la puerta sonó fuerte.
- ¿Creéis que podréis escapar con vida de aquí? ¿De verdad? Yo creo que estáis locos... Habéis entrado en el infierno. Como bien habéis dicho éste es el final del mundo. Donde todo termina...- Calló un segundo, aunque no importó, los cuatro valientes ya se habían marchado de aquel pasillo con celdas.- Y no podréis hacer nada por evitarlo.
Extraído del capítulo X del Cuento de Siläe: La Llave de Leviassan.
Nota: Este capítulo en realidad comienza en la Segunda Planta, a las 05.14 horas, pero más tarde la narración llega hasta este momento, pedacito que he decidido dejaros aquí como adelanto.
Además, he añadido el final del capítulo, porque me encanta...
Espero que os guste.
Memorias Olvidadas
Darka Treake
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23 diciembre, 2006
Planta baja. 05.13 horas.
- ¿Estáis seguros de querer entrar aquí?- Dijo Eledar aun desde el umbral, a las puertas de ese oscuro pasillo abovedado.
- ¿Qué hacemos sino? ¿Esperar a que nos reciban?- Agenon habló desde el interior, sin siquiera mirarlo. Caminaba despacio, y era el que estaba más adentro, a la altura de la primera puerta, a la derecha.- Aquí no vive nadie...
Tras él iba Aladär, y después Sofio.
- Sí, es aquí.- Respondió el tercero, seguro de lo que decía.- Haya alguien o no, sé que es aquí.
Ninguno se atrevió a responderle, y Eledar, resignado, entró en la inmensa torre. El pasillo cada vez estaba más oscuro, tan sólo llevaban por luz una vela de las que habían encontrado en el caballo. Agenon se acercó a la puerta, para escuchar, pero no oyó nada. Los otros tres lo alcanzaron, y Aladär habló susurrando.
- A ver... Cuatro puertas. ¿Vamos a entrar por la primera? Aquella es más grande.- Esto último lo dijo señalando, aunque su dedo casi no se veía entre la penumbra.
- Yo probaría por esta... ¿Por qué no?- Agenon seguía a la escucha. Pero nada.
- Bien, pues abre, ¿o piensas llamar?- Dijo sonriendo Eledar.
Y Agenon, con desdén, lo miró muy serio y llevó la mano al pomo de la puerta, y la abrió de golpe. La madera chocó contra la pared de piedra, descubriendo otro pasillo, aunque más estrecho. Totalmente oscuro...
Agenon le quitó la vela a Aladär, y entró. Aun miraba fijamente a Eledar, desafiante. Una vez dentro, se iluminó pronto, no era más que un pasillo de unos cinco metros que, de nuevo acababa en otra puerta. Aunque éste, a cada lado, tenía dos entradas, hechas de barrotes de acero. Eran celdas... Cada puerta tenía una buena cerradura que impedía su paso.
Agenon, sin mirar a sus compañeros, avanzó hacia la puerta de salida, al otro lado, echando un vistazo en cada celda. Estaban vacías.
Al llegar a la otra puerta, paró a escuchar. Silencio...
- ¿Estáis listos? No sabemos qué nos podemos encontrar al otro lado...-Su voz sonó baja, pero firme.
- Lo estamos.- Respondió Aladär, y a esas dos palabras le acompañaron el lento chirriar de las espadas al desenvainarse. Agenon abrió la puerta, con espada en mano, y al ver lo que había en aquella habitación, se detuvo en seco, sin dejar pasar a los demás...
Memorias Olvidadas
Darka Treake
www.modt.net
20 diciembre, 2006
La criatura grotesca y rosa
El tremendo orco quedó agachado y escuchando tras la puerta, a la espera. Su gran equipo de batalla tintineaba con el chocar de las placas y armas, y sobre su brazo, un diminuto demonio de color rosa, de una forma grotesca y colmillos afilados, se mantenía muy quieto...
- Sí, maestro. Todo bien, como siempre. Ya lo tiene.- La voz gutural del orco sonó grotesca en los aposentos del brujo, y sintió como la criatura rosa que se le agarraba al brazo se estremecía. Hasta ella le tenía miedo...
L’Caor asintió, y caminó hacia atrás hasta llegar a la puerta. La abrió, y salió de aquellos aposentos, a donde odiaba ir. Ya más aliviado, se ajustó su tremenda espada al cinto, y acarició a esa bestia diminuta que le rodeaba el brazo. Entonces, bajó las escaleras, hacia el nivel inferior...
El capítulo VIII del Cuento de Siläe, El tremendo orco, ha cambiado. Con ello, comienzo el Glosario de personajes, con éste mismo, con L'Caor, hablándoos de él y de esa criatura grotesca y de color rosa...
Podéis verlo aquí: Glosario de personajes del Cuento de Siläe.
Además, quería añadir algo, que por otro lado, no tiene nada que ver.
¿Quién se acuerda de aquella serie de dubujos, Transfomers?
Eran vehículos que se transformaban en robots, ¿Sí?
Pues en abril llega la película.
Para más información, aquí: Trasnformers.
17 diciembre, 2006
Glosario de personajes del Cuento de Siläe.
He aquí el Glosario de personajes del Cuento de Siläe.
En el se os hablará a cerca de todos los personajes del cuento.
De momento, tan sólo os nombraré aquellos que ya han aparecido en la historia...
Gelghar, el padre de Siläe.
Elëda, la madre de Siläe.
Aladär, el primer oficial de Gelghar. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Sofio, el adivino y amigo de Gelghar. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Uüran, el que muerde. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Iente, el Hilite. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Assan, el que pasó su última noche en la ciudad festejando que se marchaba... Uno de los diez más valientes de Düredar.
Ërathar, el pretendiente de Siläe. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Ëlar, el abuelo de Eledar.
Eledar, uno de los diez más valientes de Düredar.
Agenon, el traidor. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Lagar, el Señor de los Üdos. Uno de los diez más valientes de Düredar.
Gledor, el preso liberado. Uno de los diez más valientes de Düredar.
La dama negra.
Fillan, el cuidador del bosque de Benelia, Loth-Darien.
La Reina del bosque de Loth-Darien.
Ïlandir, Príncipe de Loth-Darien.
Azarus, gran brujo de Teth Nolin.
Miär, el loco. Uno de los aprendices de Azarus, gran brujo de Teth Nolin.
L'Caor, es un tremendo orco que sirve al Gran Brujo de Teth Nolin, es, de hecho, su primer oficial. Es un orco negro muy corpulento, que sobrepasa la talla normal para un orco, incluso para los de su especie. Por ello, es temido por todos, y está al mando del ejército. Con él siempre va una criatura horrenda. Un pequeño demonio que siempre lleva encadenado a su muñeca izquierda. Es un ser malévolo y horripilante, que siempre tiene ansias de matar y devorar. Es totalmente sumiso a L'Caor, y le ayuda en el combate, pues es un fiero guerrero. El pequeño demonio es rosa y grotesco, bien feo y con los dientes afilados. Fue un regalo de Azarus, su maestro.
Leviassan, Gran Jefe hobgoblin de Teth Nolin. Tiene la Llave de su propia celda.
Scropolo, el necrófago, el enviado de Ssuhl, el Dios Muerto. Un invitado de Azarus al acontecimiento.
Siläe, la doncella de Düredar...
A cerca del Cuento de Siläe, también puedes ver:
- El Cuento de Siläe.
- Breves notas del autor...
- Las Guerras de la Luna. Para situarlo en los acontecimientos del tiempo.
- Novedades. Donde os voy mostrando las novedades del cuento.
Breves notas del autor...
Este glosario estará incluso en el mismo cuento el día lejano en que tome su forma en papel. Será un apéndice al final del cuento.
Ya he hablado de algunos, y con ellos empezaré este glosario. Pero iré añadiendo más a medida que vayan apareciendo, de manera que iré modificando ese post. Podréis ver que ha sido actualizado en la fecha que aparecerá junto a su link, en el índice de vuestra derecha.
Me temo que con este glosario de personajes corremos el riesgo de revelaros información acerca de los personajes antes de que debáis saberla por la historia. Lo siento. En realidad, este glosario sirve de apoyo a la historia, como digo estaría al final del cuento, así el lector podría consultarlo cuando quisiese, aun corriendo este riesgo...
De momento comenzaré con los personajes de los que ya os he hablado, pero hay muchos más, que aun no concéis. Todos aquellos que los cuatro más valientes de Düredar se encontrarán en su búsqueda de Siläe, que ya los ha llevado a la Torre de Teth Nolin... Todos ellos están aun en mi cabeza o en mis notas, pero pronto irán surgiendo...
Además, me gustaría añadir aquí, que este cuento va a ser contado en tiempo real. La Primera Parte ya está escrita, y ahora estoy con la Segunda. Desde la llegada de los más valientes de Düredar a la Torre de Teht Nolin en adelante, será contado indicando el lugar y el momento precisos cuando comienza la escena. Para que se entienda bien, el capítulo VIII, El tremendo orco, comienza en la décimo cuarta planta, a las 04.58 horas.
En cuanto al tiempo, nunca se llegó a saber con exactitud cuando transcurrió este cuento. Se situa la llegada de esos cuatro valientes a Teth Nolin en algún momento del año -1253.
Siendo así, os lo contaré todo, como ocurrió, indicando la hora que era en ese momento, como ese capítulo, a las 04.58.
Lo de indicaros la hora es sólo una manera de guiarnos, y situarnos en el tiempo. Teniendo en cuenta eso, el lector debe saber que la Torre de Teth Nolin está en los Páramos de las Estrellas, el extenso desierto en que siempre es de noche.
Sí, durante todo el cuento, es de noche.
Imaginémosnos allí, explorando una torre perdida en el desierto, completamente a oscuras las 24 horas del día.
Era una torre sin ventanas... ¡Ahí dentro no podían ver nada!
Bueno, hasta aquí un poco de explicación del cuento.
A continuación, os presento algunos enlaces sobre el Cuento de Siläe:
- Glosario de personajes del Cuento de Siläe.
- El Cuento de Siläe.
- Las Guerras de la Luna. Para situarlo en los acontecimientos del tiempo.
- Novedades. Donde os voy mostrando las novedades del cuento.
13 diciembre, 2006
Décimo cuarta planta. 04.58 horas.
Una vez abajo, en la estancia inferior, anduvo despacio hasta el anciano que se sentaba a una mesa al otro lado de la habitación. Ésta era semicircular, y estaba iluminada por un precioso candelabro, sobre el escritorio del viejo. El orco llegaba por detrás y el viejo estaba con la cabeza apoyada en la mesa, sobre sus brazos y la máscara. Desde donde él lo miraba, alcanzaba a ver unos cuernos que le sobresalían hacía la espalda. Debían proceder de alguna cabra, pues eran retorcidos y puntiagudos, naciendo ahora en su máscara. El tremendo orco nunca se había atrevido a preguntarle a su maestro por aquellos cuernos, siempre se quedaría con la duda.
Al llegar hasta él, se detuvo a escasa distancia, y el viejo se enderezó. No lo miró, a pesar de que llevaba la máscara puesta, y bajo ella habló con su voz sorda.
- L’Caor, ¿Cómo ha ido? Has tardado.
- Sí, maestro. Todo bien, como siempre. Ya lo tiene.- La voz gutural del orco sonó grotesca en los aposentos del brujo.
- Bien... Entonces, ahora, ya sabes lo que tienes que hacer.
- Sí, maestro.
- Baja a ver qué está ocurriendo. No quiero complicaciones ahora. Estamos muy cerca de conseguirlo, y no vas a dejar que nada lo impida.
El orco bajó la mirada al suelo, tan sólo por un segundo, y volvió a mirar a su maestro, que se estaba girando. Su silla sonó al moverse, y se detuvo ante el ruido, para evitarlo. Tras esa máscara, ahora ya le miraba.
- Quiero que bajes hasta el nivel más inferior, y que averigües qué es lo que pasa. Quiero que te cerciores de que no hay nada extraño en ninguno de los pisos de la torre.
- Sí, maestro.
- Y si es ella otra vez... No vuelvas a tener piedad. No la escuches, mátala en cuánto la veas.
Por la emoción contenida, esta vez el tremendo orco no se atrevió a responder, ni siquiera con un “sí, maestro”. Haría lo que le pedía. Él mismo estaba deseando matar a esa bruja condenada.
- Entonces ve,- Dijo el viejo tras aquella máscara grotesca.- y vuelve con buenas noticias.
L’Caor asintió, y caminó hacia atrás hasta llegar a la puerta. La abrió, y salió de aquellos aposentos, a donde odiaba ir. Ya más aliviado, se ajustó su tremenda espada al cinto, y bajó las escaleras, hacia el nivel inferior...
Capítulo VIII del Cuento de Siläe
Memorias Olvidadas
Darka Treake
