06 febrero, 2010

El Trono Vacío

Érase una vez un Reino sin Rey. En el gran salón de palacio, dos fuertes guardias custodiaban día y noche un torno vacío, en el que sólo había una corona, a la espera de ser ceñida por un hombre valeroso. La esperanza del pueblo ya había decaido, y en las tierras que dominaba la Torre del Rey, ya no crecía nada. El ganado moría de hambre y sed, y las gentes se aburrían y desfallecían de tristeza. Muchos fueron los que aspiraron a cuidar al pueblo, pero ninguno de ellos fue digno de tal honor. Era la desesperación tal, que se organizaban torneos y justas para nombrar un candidato, pero en ellas jamás había vencedor. Se decía que había caido una maldición, y que ya jamás ningún otro reinaría.

Antaño aquellas tierras fueron territorio de los moros, pero un gran héroe, al que llamaban Belean, llegó para hacerles retroceder. Empuñando las Espadas Gemelas logró derrotarlos y fundar tan basto Reino, y tras generaciones de paz y prosperidad, el último Rey, viejo y arruinado, les dio a sus dos hijos la oportunidad de disputarse el trono. Ambos se marcharon, y cuando uno regreso, dijo no ser digno de gobernar. Había asesinado a su hermano, y perdido las Espadas Gemelas del héroe Belean. Y desde entonces, el trono quedó vacío, a la espera.

Se libraron grandes batalllas, los campos y las playas se tiñeron con la sangre de guerreros que acudían a disputarse aquella corona, pero jamás ninguno logró cruzar las puertas del gran salón de palacio. Aquella torre quedó triste, abandonada, y el paso de los años la arruinó. Pero siempre sus dos guardías permanecieron firmes, ante el trono vacío.

Una vez, un valiente guerrero llegó ante la puerta del palacio arruinado, y justo allí, una tormenta imprevista descargó un gran rayo y lo fulminó, esparciendo sus cenizas por el campo. Otro llegó a llamar a la puerta, tres golpes fuertes sonaron sobre su madera, y los los dos guardias se inquietaron, pensando que podrían por fin abandonar su empresa. Pero cuando abrieron los grandes portones del salón, aquel hombre estaba muerto, sin mayor explicación, ni rastros de enfermedad. Uno, que había derrotado a cuantos se habían interpuesto en su camino, llegado de tierras del sur, más allá del mar, se lo llevó un territble huracán. Lo encontraron mal herido en la playa, y dijo antes de morir que nadie podría jamás reinar allí.

Todo aquél que lo intentó, que vislumbró la posibilidad de traer paz y calma a aquellas tierras, pereció en el intento. Las gentes se sublevaron, y un tiempo de oscuridad cayó sobre todos ellos. Los cielos se entristecieron, y la lluvia no dejó de caer. El mar embraveció, y sus costas recogieron restos de incontables naufragios. Los más bravos se aventuraron a cruzar las tierras colindantes, pero ninguno pudo llegar hasta aquel trono.

Los guardias esperaron, apoyados sobre sus lanzas, a que alguno fuera capaz de entrar en el gran salón del Rey, y para aquél que lo lograra, le esperaban con una última prueba. Éste debería resolver un acertijo, que aun no había sido nombrado...



Continuará...
Esto han sido sólo breves notas, que giraban en mi cabeza, y que seguro darán algún resultado. Iba a escribirlo en mi cuaderno, pero he pensado en contároslo aquí, pues así me animo a continuarlo.
Espero que os guste! !


Las notas hay que escribirlas en verso...

22 enero, 2010

El Viaje

Saliendo de la órbita de Júpiuter. 
Distancia a la superficie: 22.337 pies. 
Velócidad de escape: 9.983 millas/hora. 
Aproximación a punto sin retorno en 96 segundos.

Las letras fueron apareciendo de una en una en la pantalla, formando las palabras. Estaban escritas en un verde esmeralda sobre fondo negro. Aquel ordenador era extremadamente preciso, cualquier error de cálculo habría sido fatal para la misión.

- ¿Sólo tengo que apretar el botón?- Dijo el piloto hacia el micrófono, que tras la detección de voz, el ordenador contestó.

Correcto.  
Aproximación a punto sin retorno en 91 segundos.

- ¿Estás listo? Una vez aprietes ese botón rojo, no habrá vuelta atrás.- Dijo el copiloto, un tipo serio al que pocos en el transbordador habían alcanzado a conocer en los 2321 días que había durado el viaje. Puso cara de resignación, dispuesto al fin y al cabo. Aquel viaje les llevaría hasta donde ningún otro había logrado ir.

- ¿Y qué otra nos queda?- Contestó el piloto.- En nuestras manos está la vida de toda esa gente. Y llegados a este punto, no vamos a defraudarlos.

En la pantalla permanecía escrita la última frase, en aquel verde esmeralda, y el tiempo iba corriendo.

Correcto.
Aproximación a punto sin retorno en 68 segundos.

- Encantado de haberte conocido. Has sido un gran capitán.

- Gracias.- Sonrió el piloto.- Tú has sido un gran segundo. Pero no te atrevas a despedirte de mí. Nos veremos al otro lado, y llevaremos esta nave hasta puerto seguro.

- Donde comenzará todo de nuevo.- Dijo el copiloto.

- Exacto.

Correcto.  
Aproximación a punto sin retorno en 41 segundos.

 EL piloto habló al comunicador.- Atención, por favor, al habla el capitán.- Suspiró, apagando el comunicador por un segundo.- En breves instantes atravesaremos la ventana. Les deseo mucha suerte a todos. Este día termina, y con él todo, y nosotros lo dejamos atrás para siempre. Allá donde vamos, encontraremos al sol brillando, y nosotros llegaremos a un lugar donde nazca y muera por el horizonte. Nuestra época ha terminado, al apagarse el sol, pero regresaremos a cuando aun flotaba incandescente en el universo.

Correcto.
Aproximación a punto sin retorno en 19 segundos.

- Abróchense los cinturones, por favor. Buena suerte a todos.


Correcto.
Aproximación a punto sin retorno en 11 segundos.

Con la última cuenta atrás, comenzó a sonar un pitido de alerta  por todo el tranbordador. Todos a bordo, cada uno de los 27 tripulantes, sintió el pulso acelerársele. Estaban a apunto de saltar a través del tiempo.

Correcto.  
Aproximación a punto sin retorno en 3 segundos.

Correcto.  
Aproximación a punto sin retorno en 2 segundos.

Correcto.  
Aproximación a punto sin retorno en 1 segundos.

El piloto llevó un dedo y rozó el botón rojo. Un segundo después, lo pulsó.


Todo comenzó a agitarse. El negro universo que veían através del cristal se fue tornando gris primero, y blanco después. Cada uno perdió el aire, y lo recuperó al instante. Fue una sensación cruel, pero efímera. 
Cuando recobraron el sentido, a través de las escotillas sólo veían el universo, plagado de las incontables estrellas que veían hacía un instante. Pero alla, alejado, lucía un sol radiante. Era blanco y redondo, y todos se sintieron aliviados.



Coordenadas estelares: 344.679;  -136.112; 907.610.  
Fecha: 02/01/-245.034 

Distancia a la superficie de Júpiter: 23.012 pies. 
Velócidad de escape: 15.333 millas/hora.

Introduzca destino...



La voz del capitán resonó por los altavoces de todo el transbordador.- Señoras y señores. Hemos retrocedido 357.230 años. Y como ven a estribor, el sol ha nacido en un nuevo día para nosotros. Bienvenidos a una nueva vida con luz.

Entonces tecleó las coordenadas, y el ordenador calculó la trayectoria. En la pantalla aparecieron tres palabras, y el transbordador viró fijando el rumbo.

Destino: La Tierra.



21 enero, 2010

Miedo...

Todo el mundo cree que las hadas pueden volar, pero no es cierto. 
Algunas nacen sin alas, y las desean sobre cualquier cosa, 
pero son incapaces de lograr que les crezcan. 
Sólo cuando dejan de tener miedo, es cuando les brotan de la espalda...


Últimamente estoy un poco disperso. Siento la ausencia. Espero ponerme al día en breve, y regresar, aunque jamás me fui realmente.
Es sólo que todo va y viene. Y cada momento tiene su causa y su consecuencia.

Un saludo a todos!!
Darka.

09 enero, 2010

La Segunda de las Guerras de la Luna

(Nota: Esta entrada puede entenderse tanto como un relato independiente, o como continuación de la entrada La Leyenda de Golöel - 13 de diciembre de 2009)




Qué triste el cuento que os voy a relatar. Cuando llegue a su fin, os aliavará la idea de encontraros en otro mundo, en el real, lejos de todo lo que acontecerá entre mis palabras. Fue allí, tan lejos, en un lugar donde los hombres viven atemorizados por la magia; donde los deseos aun pueden cumplirse; donde las pesadillas llegan a vivirse; y los demonios caminan erguidos, luchando por lo que a todos pertenece, por lograr arrebatárselo.

Fue así como Golöel, el Demonio Resentido, tras cumplirse su leyenda, y haber sido liberado de la Gran Roca, regresó al mundo para devastarlo. Se irguió, nombrándose el Caballero de la Blanca Luna, y marchó a formar un frente para derrotarlos a todos. Su codicia, flotando en el cielo nocturno, en forma de una Luna preciosa, era un anhelo que bien le había valido la espera.

Bajo su mando, terribles generales lo acompañaron, sembrando de Caos los campos por donde jamás volvería crecer nada. Y entonces estalló la Segunda de las Guerras de la Luna. Furiosas batallas se libraron, donde los hombres hicieron frente a la maldad con coraje. Se derramó tanta sangre, que al final casi no quedaron guerreros en los campos de batalla. Pero cuando la esperanza parecía mermar, un elegido, uno de entre aquellos que hubo liberado al demonio, le embistió con tal fuerza que le hizo retroceder. El cuerpo del elfo que ocupaba Golöel fue decapitado por la espada de aquel guerrero, pero esto no logró acabar con el demonio. Aquello ocurrió en el Cabo Diamante, el más austral del mundo, y fue allí donde Golöel, derrotado, en su forma de espíritu, se echó al mar, y huyó. Aquel guerrero, llamado Phillip, le Rat, fue condecorado entonces con los más altos honores. Aquella fue una victoria decisiva, por largo tiempo celebrada.

Pero Golöel nadó y nadó, y todos lo creyeron perdido, pensando que más allá del mar sólo terminaba el mundo, por donde él habría tenido que huir. No fue así.

El espíritu de aquel demonio nadó atravesando los Mares del Mundo, hasta llegar al Beso de la Luna, aquel punto inalcanzable en que la Luna se refleja sobre la supericie del oceano, marcando un camino infinito y brillante para dar con él.

Entonces Golöel se encontró con la Luna, a quien amaba sobre cualquier otra cosa que existiera, y allí la encandiló y engatusó. Con sus engaños, logró llevársela consigo, y aquella noche, terrible, fue oscura como ninguna antes.

Entonces, la Luna desapareció de los cielos del Mundo.

Golöel se la llevó lejos, a un lugar que creía que no encontrarían. Un lugar al que llamaban el Templo del Adiós, un recóndito sitio al que nadie sabía llegar.

Allí permanecieron juntos largo tiempo, ella engañada y él poseyendola, al fin. El Mundo creyó haber vencido, pero fue Golöel realmente el victorioso. Había logrado su mayor anhelo.

Ahora la bóveda nocturna del Mundo no tenía Luna...

03 enero, 2010

Sin vuelta atrás...

Ya no había vuelta atrás. La puerta estaba abierta frente a él, y las campanadas tronando en sus oidos, ya seducidos... El otro lado del umbral estaba oscuro, completamente oscuro, como si el destino no quisiera mostrar nada de lo que le aguardaba. Pero eso ya daba igual, era lo que menos importaba, porque la decisión estaba tomada. Irremediablemente, no había vuelta atrás. Ya había caído, aunque aun no había cruzado el umbral, por mucho que se resistiera, ya estaba al otro lado.
Dio un paso, tentó a su valor, y se acercó a la entrada, o a la salida, o a lo que quisiera ser esa puerta y lo que quedaba al otro lado. Estaba justo delante, de pie, con las campanadas en sus oidos, y entonces introdujo una mano. Una vez al otro lado del umbral, del que no se veía nada, sintió el cambio de temperatura. Aquello que hubiese más allá, era más cálido y acogedor.
Fue a dar otro paso, y el mpulso le hizo temblar, sin decidirse. Fue una sensación extraña, cuando vas a lanzarte al vacío, sin saber si te harás daño. Lo desconocido era la peor parte de aquella maravilla, el silencio entre campanada y campanada...
Pero sin escucharlo, sin decidirse, sin poder evitarlo, sin vuelta atrás, caminó cruzando el umbral. Su cuerpo se perdió en la oscuridad al otro lado, y ya nada más pudimos ver de qué era de él. Lo que si es de esperar, es que al menos él supiera lo que le ocurría...

22 diciembre, 2009

Alas

Érase una vez una pequeña hada que no tenía alas, y que deseaba volar sobre cualquier otra cosa en el mundo. Era muy pequeña, diminuta, pero no le importaba. Vivía entre las ramas de un árbol alto y retorcido, bailando sin igual. Entre las hojas danzaba, trepando por tronco y brazos, saltando son destreza, pero ansaiaba poder saltar, y alzar en vuelo, planear hasta el pasto, saborear cada segundo en el aire.
Su mayor deseo eran unas alas, en su espalda preciosa y morena, con las que revolotear por la pradera, entre el bosque, ir y venir gritando, verse capaz. Pero no lo era. Por ello, era un hada triste, esperando que le crecieran, como sabía que algún día ocurriría.

Envidiaba a las mariposas, a quienes miraba en vu viajar, codiciosa por sus alas. Recelosa, trataba de cazarlas, para quitárselas e intentar pegárselas a la espalda, pero al ver que no podía, lloraba desde lo alto de su árbol viejo. Entre hojas, en los recovecos de su tronco, en las alturas, vivía triste aquella hada preciosa. Sólo aguardaba a que crecieran en su espalda.

El día llegaría. Tendría unas alas para volar.

13 diciembre, 2009

La Leyenda de Golöel

Érase una roca flotando en la nada. Era tan grande como un planeta y estaba en mitad del universo, sola y virgen. Entonces llegaron los Siete Grandes Lüe. Ellos eran Orloog, Dios de la Guerra, llamado después el Dios de la Justicia; Dianae, Diosa de la Vida y la Naturaleza; Moulth, Diosa de la Noche, que creó a las estrellas; Orfgod, el Señor de los Siete Rostros, cuidador de los caminantes en la noche; Ivette, Diosa del Destino; Ssuhl, llamado el Dios Muerto; y el Dios del Recuerdo, que no tiene nombre. Allí ellos se asentaron, y no tardaron en comenzar sus primeras luchas por aquel mundo.

A aquello lo llamaron las Guerras de los Dioses, que terminaron por devastar el mundo, hasta el punto de que terminó siendo plano, cuando antes fue redondo. En aquel tiempo, el Dios del Recuerdo convirtió a Moulth en la Luna y la colgó en el cielo para observarla, pues se había enamorado de ella. Cuando la guerra acabó, los Dioses buenos estaban a un lado del mundo, y los buenos al otro. Pero tras la batalla del juicio, en que el mundo casi se resquebraja, Orloog los castigó a todos y consideró que en una de las caras del mundo habitarían los Dioses y en la otra los mortales, recién llegados en aquel momento.

En el lado de los mortales, se le permitió a Dianae vivir, en forma de un inmenso árbol, y ella le dio vida a todas las criaturas. Además, al Dios del Recuerdo se le permitió vivir allí, aunque quedó castigado por transformar a Moulth en la Luna. Ésta fue liberada, pero se le obligó para siempre a vivir tras la Luna, castigada también. Fue entonces cuando Ivette se marchó del mundo, pues según dijeron había visto el destino de aquel mundo y se había asustado mucho. Ssuhl, en la terrible contienda, había muerto, pero como los Dioses no podían morir, quedó en aquella forma entre la vida y la muerte. Y Orfgod, que se había enamorado perdidamente de la Luna, dijo marcharse despechado al ver a ésta condenada a flotar alrededor del mundo, dejándose ver a ambos lados de éste.

Orfgod, resentido y enfadado por no poseerla, dijo irse lejos de aquel mundo, pero en realidad quedó en la forma de siete dioses menores formados por las siete emociones que lo invadieron en su despecho: la Envidia, el Odio, la Ira, la Impotencia, la Tristeza, el Deseo y el Amor.

El tiempo pasó lento, y el plan que Orfgod había trazado tardó en dar frutos. A lo largo de las generaciones, primero elfos y después hombres, avivaron su creencia, y al final, siete grandes demonios, los Resentidos, llegaron al mundo, al lado de los mortales, para invadirlo y destruirlo, con la intención de así recuperar a la Luna…

Los Siete Demonios Resentidos de Orfgod fueron: Ivirida, Legumes, Anarade, Gingöen, Ulara, Evilized y Golöel. A todos se les dio una única premisa: no mirar jamás al cielo nocturno. Todos obedecieron, salvo uno. Golöel, el Demonio Resentido imaginado en el Amor de Orfgod, miró al cielo una vez, muerto de curiosidad por la prohibición, y entonces vio a la luna. Así, Golöel se enamoró de ella perdidamente.

Por aquel entonces se libraba en el Viejo Mundo la Primera de las Guerras de la Luna, a la que llamarían después la Gran Guerra de la Roca. Los Siete Resentidos azotaron el mundo con la plena convicción de destruirlo, pero Golöel los traicionó, pues aspiraba a la Luna para sí, y comenzaron sus luchas internas.

Así acabaron los unos con los otros, y al final sólo quedó Golöel. Fue entonces cuando hombres, elfos y enanos, en alianza, lo derrotaron acabando con aquel horror, y el Demonio Resentido fue hecho preso en el interior de la Gran Roca, atado por una poderosa runa mágica.

Entonces se forjaron las Espadas Trillizas, y cada una fue entregada a los tres grandes héroes que habían derrotado a Golöel: Alaia, la Trilliza, fue entregada al Héroe Belean, de Himn; Siglaia, la Trilliza, fue entregada al Rey Tirian, de Assëe, Señor de Elfos; e Ikaia, la Trilliza, que fue entregada a Ithrik, Rey y Señor de todos los Enanos.

En aquel momento nació la leyenda. Según ésta, según decían, si las Espadas Trillizas eran reunidas y fundidas en la Gran Roca, Golöel, el Demonio Resentido imaginado en el Amor de Orfgod sería liberado… Sería entonces cuando comenzara la Segunda de las Guerras de la Luna.



Layenda de Golöel
Darka Treake



No creo haberos contado nunca qué es todo eso de la Leyenda de Golöel, y ya iba siendo hora. En este relato os resumo la historia de Golöel y de cómo se forjó su leyenda. Pasaron muchas cosas que he dejado por alto, intentando ser breve, y las consecuencias fueron incontables también. Pero todo ello, causas y consecuencias, son relatadas en otros cuentos breves o largos...

07 diciembre, 2009

El CuentaCuentos: Desde lo alto de la loma, vio asustado como la niebla penetraba incluso en las casas.

Desde lo alto de la loma, vio asustado como la niebla penetraba incluso en las casas. No era una neblina normal, de esas que lo inunda todo en un tono blancogris, que se forma en los bosques lúgubres de otros cuentos. Ésta era de un tono púrpura como si aquel momento no fuera real. Se preguntó si aquello podía ser un sueño, pero su conclusión fue que si estuviera durmiendo, y se hubiera hecho consciente, entonces se habría despertado. Y seguía ahí, viendo ese manto púrpura cubrir todo el valle, ocultando los campos y las casas, ahogando los rebaños. La visión era tan impresionante desde ahí arriba… Todo parecía mentira. Aquella loma estaba situada en el centro del valle, cual altar de rey magnánimo. Y sentado en su trono de pasto, observaba la neblina envolver todo a su alrededor.

¿Sabes esos momentos en que eres consciente de que lo que ocurre no está ocurriendo, o que no durará, o que es tan frágil que debes acariciarlo despacio, saborearlo, pues en cuanto acabe lo añorarás como a una necesidad que ha estado ahí siempre? Aquello era esa niebla, ese momento.

Se sintió tentado a descender de su loma, a bajar y respirar aquel aroma púrpura. A embriagarse con la satisfacción de que lo que ocurre no es real, y por eso no importa. Pero pensó que tal vez moverse sería un riesgo en ese sueño frágil. Permaneció, entonces, muy quieto en su trono, en lo alto de la loma, viendo a la neblina bajar por el valle como un espectro.

El espectáculo duró un largo rato, suficiente como para acabar saciado. La neblina púrpura recorrió cuantos territorios circundaban la loma, y los campos fueron dejando verse de nuevo. El bosque apareció en su tono verde oscuro, alarmando de la realidad, y las casas fueron surgiendo de entre aquellos colores imposibles. Primero el campanario, en remoto silencio; después los primeros molinos, quietos para no romper la magia; los graneros y hogares se dejaron ver, y poco más allá, el riachuelo regresó con su cantar melódico. Cuando los rebaños volvieron a balar, se dio cuenta de que todo terminaba.

La neblina se marchó como había llegado, y él quedó subido a la loma, sin comprender lo que acababa de pasar, preguntándose si era el momento de despertar…





Para saber cómo bajaron otras neblinas, penetrando en otras casas:

27 noviembre, 2009

Gran Cadena Humana




Mañana, sábado 28, vamos a ir a la Gran Cadena Humana en protesta del Nuevo Catálogo de Especies protegidas que el Parlamento Canario pretende aprobar mediante una proposición de Ley. Con ella, muchas especies protegidas del entorno de las islas quedarán desprotegidas o perderán sus derechos, y con ello eliminarán barreras legales para la construcción de, entre otros, el polémico puerto de Granadilla.

La idea es que, si no podemos construir porque es espacio protegido, desprotejámoslo; si edificando vamos a dañar el hábitat de especies legalmente protegidas, quitémosles estos derechos para poder meter ahí un puerto, un campo de golf o un hotel. Si esos bichos dejan de estar protegidos, podremos amarrar nuestro yate en un puerto deportivo.

La Cadena Humana, iniciativa de las organizaciones ecologistas WWF-Adena, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife, ATAN, Amigos de la Tierra y Ben Magec-Ecologistas en Acción, pretende rodear a las 12.00 el edificio del Parlamento Canario como protesta.

A ver si nos oyen.




21 noviembre, 2009

El CuentaCuentos: Y cuando dio comienzo, aquel pequeño personaje dejó caer su caña mientras él colgaba de la luna.

Y cuando dio comienzo, aquel pequeño personaje dejó caer su caña mientras él colgaba de la luna. ¡Qué casualidad que fue a pescar al Trapecista Estelar! Cuando éste pobre caía y caía por el universo, nuestro pequeño personaje fue a pescarle desde su luna. Ambos se sorprendieron el uno al otro, y allí recostados sobre la luna, charlaron durante horas y horas.

- ¿Quién eres?- Le preguntó nuestro personaje.

- Soy el Trapecista Estelar.- Le contestó éste muy orgulloso.

- Sí, he oído mucho de ti. Tu fama te precede, Trapecista Estelar.

- Me halagas, Pescador.

- ¿Cómo sabes que soy Pescador?- Le preguntó intrigado nuestro pequeño personaje.

- He conocido a otros como tú. Pescadores Lunares os llaman en algunos sitios, o simplemente Pescadores.

- Ah… ¿Y cómo has llegado a quedar enganchado en mi anzuelo, Trapecista? ¿Cómo es que no cuelgas de estrella en estrella, deleitándonos con tu danzar por el universo?

- Pobre de mí…- Se apenó el Trapecista Estelar.- Andaba yo de estrella en estrella, agarrándome con maña, ¡no! Con gran estilo, diría yo. Hasta que una de ellas se cayó.

Nuestro pequeño personaje se extrañó y puso cara de bobo.

- Sí,- Continuó el Trapecista.- estaba suelta. A menudo ocurre, que algunas estrellas no están fijas en el firmamento. Suelen reconocerse porque su luz se apaga, hasta que desaparecen, o algún tonto como yo las arranca, claro.

- ¿Y te la has llevado contigo?- Se intrigó el Pescador Lunar.

- ¿Y qué remedio? En cuanto la agarré, supe que me había equivocado. Llegué con una gran pirueta, desde la gran Sirius hasta ella, y ambos nos caímos del cielo.

- ¿Puedo verla..?

- No sé si podrás verla.- Comentó el Trapecista Estelar.- Es muy pequeña, y poco luminosa. Además, está por amanecer, y como sabes, las estrellas no se dejan ver cuando luce el sol, la mayor de todas ellas.

- No es que no se dejen ver,- Le corrigió nuestro pequeño personaje.- es que el sol, celoso por la belleza de las estrellas, no les permite lucirse, y ciega a los mortales con su blanca luz.

- ¿Cómo sabes tal cosa?

- Pues porque, Trapecista Estelar, tu vives en la noche, huyendo del sol, danzando de estrella en estrella, y jamás esperas a que el sol aparezca en el cielo.

- Claro que no. ¡Si me quedara colgado de él hasta el anochecer, me abrasaría las manos!- Se alteró el Trapecista.

- Entiendo…- Ambos callaron, hasta que nuestro pequeño personaje se sintió intrigado.- ¿Podría verla?

- Podríamos intentarlo. Ya está amaneciendo...

- ¿Dónde la llevas?

- Aquí, en el bolsillo de mi pantalón.- Y el Trapecista Estelar se llevó la mano al bolsillo.

A nuestro pequeño personaje, un Pescador Lunar que siempre ansiaba con tocar una estrella, que se consolaba con mirarlas desde su luna por las noches, se le aceleró el pulso. Él siempre estaba ahí, recostado en su luna, con la caña dispuesta a pescar una presa que llevarse al estómago, pero siempre había soñado con pescar una estrella. ¡Y por fin iba a ver una de cerca!

El Trapecista Estelar sacó entonces la estrella de su bolsillo. Era diminuta, y le cabía en la palma de la mano abierta. La pequeña, brillaba con una tenue luz que amenazaba con menguar hasta desaparecer. La pobre estaba muriendo.

- Toma, es para ti. Yo estoy cansado de llevármelas sin querer.

- ¿En serio?

Y se la dio. Ésta titiló unos instantes al entrar en contacto con nuestro pequeño Pescador, y entonces en el horizonte del mundo brotaron los primeros brillos del sol. Poco a poco, con nuestro personaje maravillado, el cielo se fue iluminando, y la diminuta estrella desapareciendo…



Para conocer las presas de otros Pescadores Lunares...

06 febrero, 2010

El Trono Vacío

Érase una vez un Reino sin Rey. En el gran salón de palacio, dos fuertes guardias custodiaban día y noche un torno vacío, en el que sólo había una corona, a la espera de ser ceñida por un hombre valeroso. La esperanza del pueblo ya había decaido, y en las tierras que dominaba la Torre del Rey, ya no crecía nada. El ganado moría de hambre y sed, y las gentes se aburrían y desfallecían de tristeza. Muchos fueron los que aspiraron a cuidar al pueblo, pero ninguno de ellos fue digno de tal honor. Era la desesperación tal, que se organizaban torneos y justas para nombrar un candidato, pero en ellas jamás había vencedor. Se decía que había caido una maldición, y que ya jamás ningún otro reinaría.

Antaño aquellas tierras fueron territorio de los moros, pero un gran héroe, al que llamaban Belean, llegó para hacerles retroceder. Empuñando las Espadas Gemelas logró derrotarlos y fundar tan basto Reino, y tras generaciones de paz y prosperidad, el último Rey, viejo y arruinado, les dio a sus dos hijos la oportunidad de disputarse el trono. Ambos se marcharon, y cuando uno regreso, dijo no ser digno de gobernar. Había asesinado a su hermano, y perdido las Espadas Gemelas del héroe Belean. Y desde entonces, el trono quedó vacío, a la espera.

Se libraron grandes batalllas, los campos y las playas se tiñeron con la sangre de guerreros que acudían a disputarse aquella corona, pero jamás ninguno logró cruzar las puertas del gran salón de palacio. Aquella torre quedó triste, abandonada, y el paso de los años la arruinó. Pero siempre sus dos guardías permanecieron firmes, ante el trono vacío.

Una vez, un valiente guerrero llegó ante la puerta del palacio arruinado, y justo allí, una tormenta imprevista descargó un gran rayo y lo fulminó, esparciendo sus cenizas por el campo. Otro llegó a llamar a la puerta, tres golpes fuertes sonaron sobre su madera, y los los dos guardias se inquietaron, pensando que podrían por fin abandonar su empresa. Pero cuando abrieron los grandes portones del salón, aquel hombre estaba muerto, sin mayor explicación, ni rastros de enfermedad. Uno, que había derrotado a cuantos se habían interpuesto en su camino, llegado de tierras del sur, más allá del mar, se lo llevó un territble huracán. Lo encontraron mal herido en la playa, y dijo antes de morir que nadie podría jamás reinar allí.

Todo aquél que lo intentó, que vislumbró la posibilidad de traer paz y calma a aquellas tierras, pereció en el intento. Las gentes se sublevaron, y un tiempo de oscuridad cayó sobre todos ellos. Los cielos se entristecieron, y la lluvia no dejó de caer. El mar embraveció, y sus costas recogieron restos de incontables naufragios. Los más bravos se aventuraron a cruzar las tierras colindantes, pero ninguno pudo llegar hasta aquel trono.

Los guardias esperaron, apoyados sobre sus lanzas, a que alguno fuera capaz de entrar en el gran salón del Rey, y para aquél que lo lograra, le esperaban con una última prueba. Éste debería resolver un acertijo, que aun no había sido nombrado...



Continuará...
Esto han sido sólo breves notas, que giraban en mi cabeza, y que seguro darán algún resultado. Iba a escribirlo en mi cuaderno, pero he pensado en contároslo aquí, pues así me animo a continuarlo.
Espero que os guste! !


Las notas hay que escribirlas en verso...

22 enero, 2010

El Viaje

Saliendo de la órbita de Júpiuter. 
Distancia a la superficie: 22.337 pies. 
Velócidad de escape: 9.983 millas/hora. 
Aproximación a punto sin retorno en 96 segundos.

Las letras fueron apareciendo de una en una en la pantalla, formando las palabras. Estaban escritas en un verde esmeralda sobre fondo negro. Aquel ordenador era extremadamente preciso, cualquier error de cálculo habría sido fatal para la misión.

- ¿Sólo tengo que apretar el botón?- Dijo el piloto hacia el micrófono, que tras la detección de voz, el ordenador contestó.

Correcto.  
Aproximación a punto sin retorno en 91 segundos.

- ¿Estás listo? Una vez aprietes ese botón rojo, no habrá vuelta atrás.- Dijo el copiloto, un tipo serio al que pocos en el transbordador habían alcanzado a conocer en los 2321 días que había durado el viaje. Puso cara de resignación, dispuesto al fin y al cabo. Aquel viaje les llevaría hasta donde ningún otro había logrado ir.

- ¿Y qué otra nos queda?- Contestó el piloto.- En nuestras manos está la vida de toda esa gente. Y llegados a este punto, no vamos a defraudarlos.

En la pantalla permanecía escrita la última frase, en aquel verde esmeralda, y el tiempo iba corriendo.

Correcto.
Aproximación a punto sin retorno en 68 segundos.

- Encantado de haberte conocido. Has sido un gran capitán.

- Gracias.- Sonrió el piloto.- Tú has sido un gran segundo. Pero no te atrevas a despedirte de mí. Nos veremos al otro lado, y llevaremos esta nave hasta puerto seguro.

- Donde comenzará todo de nuevo.- Dijo el copiloto.

- Exacto.

Correcto.  
Aproximación a punto sin retorno en 41 segundos.

 EL piloto habló al comunicador.- Atención, por favor, al habla el capitán.- Suspiró, apagando el comunicador por un segundo.- En breves instantes atravesaremos la ventana. Les deseo mucha suerte a todos. Este día termina, y con él todo, y nosotros lo dejamos atrás para siempre. Allá donde vamos, encontraremos al sol brillando, y nosotros llegaremos a un lugar donde nazca y muera por el horizonte. Nuestra época ha terminado, al apagarse el sol, pero regresaremos a cuando aun flotaba incandescente en el universo.

Correcto.
Aproximación a punto sin retorno en 19 segundos.

- Abróchense los cinturones, por favor. Buena suerte a todos.


Correcto.
Aproximación a punto sin retorno en 11 segundos.

Con la última cuenta atrás, comenzó a sonar un pitido de alerta  por todo el tranbordador. Todos a bordo, cada uno de los 27 tripulantes, sintió el pulso acelerársele. Estaban a apunto de saltar a través del tiempo.

Correcto.  
Aproximación a punto sin retorno en 3 segundos.

Correcto.  
Aproximación a punto sin retorno en 2 segundos.

Correcto.  
Aproximación a punto sin retorno en 1 segundos.

El piloto llevó un dedo y rozó el botón rojo. Un segundo después, lo pulsó.


Todo comenzó a agitarse. El negro universo que veían através del cristal se fue tornando gris primero, y blanco después. Cada uno perdió el aire, y lo recuperó al instante. Fue una sensación cruel, pero efímera. 
Cuando recobraron el sentido, a través de las escotillas sólo veían el universo, plagado de las incontables estrellas que veían hacía un instante. Pero alla, alejado, lucía un sol radiante. Era blanco y redondo, y todos se sintieron aliviados.



Coordenadas estelares: 344.679;  -136.112; 907.610.  
Fecha: 02/01/-245.034 

Distancia a la superficie de Júpiter: 23.012 pies. 
Velócidad de escape: 15.333 millas/hora.

Introduzca destino...



La voz del capitán resonó por los altavoces de todo el transbordador.- Señoras y señores. Hemos retrocedido 357.230 años. Y como ven a estribor, el sol ha nacido en un nuevo día para nosotros. Bienvenidos a una nueva vida con luz.

Entonces tecleó las coordenadas, y el ordenador calculó la trayectoria. En la pantalla aparecieron tres palabras, y el transbordador viró fijando el rumbo.

Destino: La Tierra.



21 enero, 2010

Miedo...

Todo el mundo cree que las hadas pueden volar, pero no es cierto. 
Algunas nacen sin alas, y las desean sobre cualquier cosa, 
pero son incapaces de lograr que les crezcan. 
Sólo cuando dejan de tener miedo, es cuando les brotan de la espalda...


Últimamente estoy un poco disperso. Siento la ausencia. Espero ponerme al día en breve, y regresar, aunque jamás me fui realmente.
Es sólo que todo va y viene. Y cada momento tiene su causa y su consecuencia.

Un saludo a todos!!
Darka.

09 enero, 2010

La Segunda de las Guerras de la Luna

(Nota: Esta entrada puede entenderse tanto como un relato independiente, o como continuación de la entrada La Leyenda de Golöel - 13 de diciembre de 2009)




Qué triste el cuento que os voy a relatar. Cuando llegue a su fin, os aliavará la idea de encontraros en otro mundo, en el real, lejos de todo lo que acontecerá entre mis palabras. Fue allí, tan lejos, en un lugar donde los hombres viven atemorizados por la magia; donde los deseos aun pueden cumplirse; donde las pesadillas llegan a vivirse; y los demonios caminan erguidos, luchando por lo que a todos pertenece, por lograr arrebatárselo.

Fue así como Golöel, el Demonio Resentido, tras cumplirse su leyenda, y haber sido liberado de la Gran Roca, regresó al mundo para devastarlo. Se irguió, nombrándose el Caballero de la Blanca Luna, y marchó a formar un frente para derrotarlos a todos. Su codicia, flotando en el cielo nocturno, en forma de una Luna preciosa, era un anhelo que bien le había valido la espera.

Bajo su mando, terribles generales lo acompañaron, sembrando de Caos los campos por donde jamás volvería crecer nada. Y entonces estalló la Segunda de las Guerras de la Luna. Furiosas batallas se libraron, donde los hombres hicieron frente a la maldad con coraje. Se derramó tanta sangre, que al final casi no quedaron guerreros en los campos de batalla. Pero cuando la esperanza parecía mermar, un elegido, uno de entre aquellos que hubo liberado al demonio, le embistió con tal fuerza que le hizo retroceder. El cuerpo del elfo que ocupaba Golöel fue decapitado por la espada de aquel guerrero, pero esto no logró acabar con el demonio. Aquello ocurrió en el Cabo Diamante, el más austral del mundo, y fue allí donde Golöel, derrotado, en su forma de espíritu, se echó al mar, y huyó. Aquel guerrero, llamado Phillip, le Rat, fue condecorado entonces con los más altos honores. Aquella fue una victoria decisiva, por largo tiempo celebrada.

Pero Golöel nadó y nadó, y todos lo creyeron perdido, pensando que más allá del mar sólo terminaba el mundo, por donde él habría tenido que huir. No fue así.

El espíritu de aquel demonio nadó atravesando los Mares del Mundo, hasta llegar al Beso de la Luna, aquel punto inalcanzable en que la Luna se refleja sobre la supericie del oceano, marcando un camino infinito y brillante para dar con él.

Entonces Golöel se encontró con la Luna, a quien amaba sobre cualquier otra cosa que existiera, y allí la encandiló y engatusó. Con sus engaños, logró llevársela consigo, y aquella noche, terrible, fue oscura como ninguna antes.

Entonces, la Luna desapareció de los cielos del Mundo.

Golöel se la llevó lejos, a un lugar que creía que no encontrarían. Un lugar al que llamaban el Templo del Adiós, un recóndito sitio al que nadie sabía llegar.

Allí permanecieron juntos largo tiempo, ella engañada y él poseyendola, al fin. El Mundo creyó haber vencido, pero fue Golöel realmente el victorioso. Había logrado su mayor anhelo.

Ahora la bóveda nocturna del Mundo no tenía Luna...

03 enero, 2010

Sin vuelta atrás...

Ya no había vuelta atrás. La puerta estaba abierta frente a él, y las campanadas tronando en sus oidos, ya seducidos... El otro lado del umbral estaba oscuro, completamente oscuro, como si el destino no quisiera mostrar nada de lo que le aguardaba. Pero eso ya daba igual, era lo que menos importaba, porque la decisión estaba tomada. Irremediablemente, no había vuelta atrás. Ya había caído, aunque aun no había cruzado el umbral, por mucho que se resistiera, ya estaba al otro lado.
Dio un paso, tentó a su valor, y se acercó a la entrada, o a la salida, o a lo que quisiera ser esa puerta y lo que quedaba al otro lado. Estaba justo delante, de pie, con las campanadas en sus oidos, y entonces introdujo una mano. Una vez al otro lado del umbral, del que no se veía nada, sintió el cambio de temperatura. Aquello que hubiese más allá, era más cálido y acogedor.
Fue a dar otro paso, y el mpulso le hizo temblar, sin decidirse. Fue una sensación extraña, cuando vas a lanzarte al vacío, sin saber si te harás daño. Lo desconocido era la peor parte de aquella maravilla, el silencio entre campanada y campanada...
Pero sin escucharlo, sin decidirse, sin poder evitarlo, sin vuelta atrás, caminó cruzando el umbral. Su cuerpo se perdió en la oscuridad al otro lado, y ya nada más pudimos ver de qué era de él. Lo que si es de esperar, es que al menos él supiera lo que le ocurría...

22 diciembre, 2009

Alas

Érase una vez una pequeña hada que no tenía alas, y que deseaba volar sobre cualquier otra cosa en el mundo. Era muy pequeña, diminuta, pero no le importaba. Vivía entre las ramas de un árbol alto y retorcido, bailando sin igual. Entre las hojas danzaba, trepando por tronco y brazos, saltando son destreza, pero ansaiaba poder saltar, y alzar en vuelo, planear hasta el pasto, saborear cada segundo en el aire.
Su mayor deseo eran unas alas, en su espalda preciosa y morena, con las que revolotear por la pradera, entre el bosque, ir y venir gritando, verse capaz. Pero no lo era. Por ello, era un hada triste, esperando que le crecieran, como sabía que algún día ocurriría.

Envidiaba a las mariposas, a quienes miraba en vu viajar, codiciosa por sus alas. Recelosa, trataba de cazarlas, para quitárselas e intentar pegárselas a la espalda, pero al ver que no podía, lloraba desde lo alto de su árbol viejo. Entre hojas, en los recovecos de su tronco, en las alturas, vivía triste aquella hada preciosa. Sólo aguardaba a que crecieran en su espalda.

El día llegaría. Tendría unas alas para volar.

13 diciembre, 2009

La Leyenda de Golöel

Érase una roca flotando en la nada. Era tan grande como un planeta y estaba en mitad del universo, sola y virgen. Entonces llegaron los Siete Grandes Lüe. Ellos eran Orloog, Dios de la Guerra, llamado después el Dios de la Justicia; Dianae, Diosa de la Vida y la Naturaleza; Moulth, Diosa de la Noche, que creó a las estrellas; Orfgod, el Señor de los Siete Rostros, cuidador de los caminantes en la noche; Ivette, Diosa del Destino; Ssuhl, llamado el Dios Muerto; y el Dios del Recuerdo, que no tiene nombre. Allí ellos se asentaron, y no tardaron en comenzar sus primeras luchas por aquel mundo.

A aquello lo llamaron las Guerras de los Dioses, que terminaron por devastar el mundo, hasta el punto de que terminó siendo plano, cuando antes fue redondo. En aquel tiempo, el Dios del Recuerdo convirtió a Moulth en la Luna y la colgó en el cielo para observarla, pues se había enamorado de ella. Cuando la guerra acabó, los Dioses buenos estaban a un lado del mundo, y los buenos al otro. Pero tras la batalla del juicio, en que el mundo casi se resquebraja, Orloog los castigó a todos y consideró que en una de las caras del mundo habitarían los Dioses y en la otra los mortales, recién llegados en aquel momento.

En el lado de los mortales, se le permitió a Dianae vivir, en forma de un inmenso árbol, y ella le dio vida a todas las criaturas. Además, al Dios del Recuerdo se le permitió vivir allí, aunque quedó castigado por transformar a Moulth en la Luna. Ésta fue liberada, pero se le obligó para siempre a vivir tras la Luna, castigada también. Fue entonces cuando Ivette se marchó del mundo, pues según dijeron había visto el destino de aquel mundo y se había asustado mucho. Ssuhl, en la terrible contienda, había muerto, pero como los Dioses no podían morir, quedó en aquella forma entre la vida y la muerte. Y Orfgod, que se había enamorado perdidamente de la Luna, dijo marcharse despechado al ver a ésta condenada a flotar alrededor del mundo, dejándose ver a ambos lados de éste.

Orfgod, resentido y enfadado por no poseerla, dijo irse lejos de aquel mundo, pero en realidad quedó en la forma de siete dioses menores formados por las siete emociones que lo invadieron en su despecho: la Envidia, el Odio, la Ira, la Impotencia, la Tristeza, el Deseo y el Amor.

El tiempo pasó lento, y el plan que Orfgod había trazado tardó en dar frutos. A lo largo de las generaciones, primero elfos y después hombres, avivaron su creencia, y al final, siete grandes demonios, los Resentidos, llegaron al mundo, al lado de los mortales, para invadirlo y destruirlo, con la intención de así recuperar a la Luna…

Los Siete Demonios Resentidos de Orfgod fueron: Ivirida, Legumes, Anarade, Gingöen, Ulara, Evilized y Golöel. A todos se les dio una única premisa: no mirar jamás al cielo nocturno. Todos obedecieron, salvo uno. Golöel, el Demonio Resentido imaginado en el Amor de Orfgod, miró al cielo una vez, muerto de curiosidad por la prohibición, y entonces vio a la luna. Así, Golöel se enamoró de ella perdidamente.

Por aquel entonces se libraba en el Viejo Mundo la Primera de las Guerras de la Luna, a la que llamarían después la Gran Guerra de la Roca. Los Siete Resentidos azotaron el mundo con la plena convicción de destruirlo, pero Golöel los traicionó, pues aspiraba a la Luna para sí, y comenzaron sus luchas internas.

Así acabaron los unos con los otros, y al final sólo quedó Golöel. Fue entonces cuando hombres, elfos y enanos, en alianza, lo derrotaron acabando con aquel horror, y el Demonio Resentido fue hecho preso en el interior de la Gran Roca, atado por una poderosa runa mágica.

Entonces se forjaron las Espadas Trillizas, y cada una fue entregada a los tres grandes héroes que habían derrotado a Golöel: Alaia, la Trilliza, fue entregada al Héroe Belean, de Himn; Siglaia, la Trilliza, fue entregada al Rey Tirian, de Assëe, Señor de Elfos; e Ikaia, la Trilliza, que fue entregada a Ithrik, Rey y Señor de todos los Enanos.

En aquel momento nació la leyenda. Según ésta, según decían, si las Espadas Trillizas eran reunidas y fundidas en la Gran Roca, Golöel, el Demonio Resentido imaginado en el Amor de Orfgod sería liberado… Sería entonces cuando comenzara la Segunda de las Guerras de la Luna.



Layenda de Golöel
Darka Treake



No creo haberos contado nunca qué es todo eso de la Leyenda de Golöel, y ya iba siendo hora. En este relato os resumo la historia de Golöel y de cómo se forjó su leyenda. Pasaron muchas cosas que he dejado por alto, intentando ser breve, y las consecuencias fueron incontables también. Pero todo ello, causas y consecuencias, son relatadas en otros cuentos breves o largos...

07 diciembre, 2009

El CuentaCuentos: Desde lo alto de la loma, vio asustado como la niebla penetraba incluso en las casas.

Desde lo alto de la loma, vio asustado como la niebla penetraba incluso en las casas. No era una neblina normal, de esas que lo inunda todo en un tono blancogris, que se forma en los bosques lúgubres de otros cuentos. Ésta era de un tono púrpura como si aquel momento no fuera real. Se preguntó si aquello podía ser un sueño, pero su conclusión fue que si estuviera durmiendo, y se hubiera hecho consciente, entonces se habría despertado. Y seguía ahí, viendo ese manto púrpura cubrir todo el valle, ocultando los campos y las casas, ahogando los rebaños. La visión era tan impresionante desde ahí arriba… Todo parecía mentira. Aquella loma estaba situada en el centro del valle, cual altar de rey magnánimo. Y sentado en su trono de pasto, observaba la neblina envolver todo a su alrededor.

¿Sabes esos momentos en que eres consciente de que lo que ocurre no está ocurriendo, o que no durará, o que es tan frágil que debes acariciarlo despacio, saborearlo, pues en cuanto acabe lo añorarás como a una necesidad que ha estado ahí siempre? Aquello era esa niebla, ese momento.

Se sintió tentado a descender de su loma, a bajar y respirar aquel aroma púrpura. A embriagarse con la satisfacción de que lo que ocurre no es real, y por eso no importa. Pero pensó que tal vez moverse sería un riesgo en ese sueño frágil. Permaneció, entonces, muy quieto en su trono, en lo alto de la loma, viendo a la neblina bajar por el valle como un espectro.

El espectáculo duró un largo rato, suficiente como para acabar saciado. La neblina púrpura recorrió cuantos territorios circundaban la loma, y los campos fueron dejando verse de nuevo. El bosque apareció en su tono verde oscuro, alarmando de la realidad, y las casas fueron surgiendo de entre aquellos colores imposibles. Primero el campanario, en remoto silencio; después los primeros molinos, quietos para no romper la magia; los graneros y hogares se dejaron ver, y poco más allá, el riachuelo regresó con su cantar melódico. Cuando los rebaños volvieron a balar, se dio cuenta de que todo terminaba.

La neblina se marchó como había llegado, y él quedó subido a la loma, sin comprender lo que acababa de pasar, preguntándose si era el momento de despertar…





Para saber cómo bajaron otras neblinas, penetrando en otras casas:

27 noviembre, 2009

Gran Cadena Humana




Mañana, sábado 28, vamos a ir a la Gran Cadena Humana en protesta del Nuevo Catálogo de Especies protegidas que el Parlamento Canario pretende aprobar mediante una proposición de Ley. Con ella, muchas especies protegidas del entorno de las islas quedarán desprotegidas o perderán sus derechos, y con ello eliminarán barreras legales para la construcción de, entre otros, el polémico puerto de Granadilla.

La idea es que, si no podemos construir porque es espacio protegido, desprotejámoslo; si edificando vamos a dañar el hábitat de especies legalmente protegidas, quitémosles estos derechos para poder meter ahí un puerto, un campo de golf o un hotel. Si esos bichos dejan de estar protegidos, podremos amarrar nuestro yate en un puerto deportivo.

La Cadena Humana, iniciativa de las organizaciones ecologistas WWF-Adena, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife, ATAN, Amigos de la Tierra y Ben Magec-Ecologistas en Acción, pretende rodear a las 12.00 el edificio del Parlamento Canario como protesta.

A ver si nos oyen.




21 noviembre, 2009

El CuentaCuentos: Y cuando dio comienzo, aquel pequeño personaje dejó caer su caña mientras él colgaba de la luna.

Y cuando dio comienzo, aquel pequeño personaje dejó caer su caña mientras él colgaba de la luna. ¡Qué casualidad que fue a pescar al Trapecista Estelar! Cuando éste pobre caía y caía por el universo, nuestro pequeño personaje fue a pescarle desde su luna. Ambos se sorprendieron el uno al otro, y allí recostados sobre la luna, charlaron durante horas y horas.

- ¿Quién eres?- Le preguntó nuestro personaje.

- Soy el Trapecista Estelar.- Le contestó éste muy orgulloso.

- Sí, he oído mucho de ti. Tu fama te precede, Trapecista Estelar.

- Me halagas, Pescador.

- ¿Cómo sabes que soy Pescador?- Le preguntó intrigado nuestro pequeño personaje.

- He conocido a otros como tú. Pescadores Lunares os llaman en algunos sitios, o simplemente Pescadores.

- Ah… ¿Y cómo has llegado a quedar enganchado en mi anzuelo, Trapecista? ¿Cómo es que no cuelgas de estrella en estrella, deleitándonos con tu danzar por el universo?

- Pobre de mí…- Se apenó el Trapecista Estelar.- Andaba yo de estrella en estrella, agarrándome con maña, ¡no! Con gran estilo, diría yo. Hasta que una de ellas se cayó.

Nuestro pequeño personaje se extrañó y puso cara de bobo.

- Sí,- Continuó el Trapecista.- estaba suelta. A menudo ocurre, que algunas estrellas no están fijas en el firmamento. Suelen reconocerse porque su luz se apaga, hasta que desaparecen, o algún tonto como yo las arranca, claro.

- ¿Y te la has llevado contigo?- Se intrigó el Pescador Lunar.

- ¿Y qué remedio? En cuanto la agarré, supe que me había equivocado. Llegué con una gran pirueta, desde la gran Sirius hasta ella, y ambos nos caímos del cielo.

- ¿Puedo verla..?

- No sé si podrás verla.- Comentó el Trapecista Estelar.- Es muy pequeña, y poco luminosa. Además, está por amanecer, y como sabes, las estrellas no se dejan ver cuando luce el sol, la mayor de todas ellas.

- No es que no se dejen ver,- Le corrigió nuestro pequeño personaje.- es que el sol, celoso por la belleza de las estrellas, no les permite lucirse, y ciega a los mortales con su blanca luz.

- ¿Cómo sabes tal cosa?

- Pues porque, Trapecista Estelar, tu vives en la noche, huyendo del sol, danzando de estrella en estrella, y jamás esperas a que el sol aparezca en el cielo.

- Claro que no. ¡Si me quedara colgado de él hasta el anochecer, me abrasaría las manos!- Se alteró el Trapecista.

- Entiendo…- Ambos callaron, hasta que nuestro pequeño personaje se sintió intrigado.- ¿Podría verla?

- Podríamos intentarlo. Ya está amaneciendo...

- ¿Dónde la llevas?

- Aquí, en el bolsillo de mi pantalón.- Y el Trapecista Estelar se llevó la mano al bolsillo.

A nuestro pequeño personaje, un Pescador Lunar que siempre ansiaba con tocar una estrella, que se consolaba con mirarlas desde su luna por las noches, se le aceleró el pulso. Él siempre estaba ahí, recostado en su luna, con la caña dispuesta a pescar una presa que llevarse al estómago, pero siempre había soñado con pescar una estrella. ¡Y por fin iba a ver una de cerca!

El Trapecista Estelar sacó entonces la estrella de su bolsillo. Era diminuta, y le cabía en la palma de la mano abierta. La pequeña, brillaba con una tenue luz que amenazaba con menguar hasta desaparecer. La pobre estaba muriendo.

- Toma, es para ti. Yo estoy cansado de llevármelas sin querer.

- ¿En serio?

Y se la dio. Ésta titiló unos instantes al entrar en contacto con nuestro pequeño Pescador, y entonces en el horizonte del mundo brotaron los primeros brillos del sol. Poco a poco, con nuestro personaje maravillado, el cielo se fue iluminando, y la diminuta estrella desapareciendo…



Para conocer las presas de otros Pescadores Lunares...